Ceuta, Melilla, las islas Chafarinas, el peñón de Vélez de la Gomera, Perejil y las islas y peñón de Alhucemas son partes inseparables de España y se encuentran bajo plena y efectiva soberanía española. Esa soberanía no puede ser objeto de negociación, discusión ni transacción.
Las declaraciones realizadas los días 21 y 25 de agosto de 2026 por miembros del Gobierno de Marruecos constituyen un cuestionamiento directo de la integridad territorial española. El ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, invocó supuestos “derechos históricos y geográficos” sobre Ceuta y Melilla y propuso abrir un diálogo sobre su soberanía. Por su parte, el ministro de Habices y Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, volvió a referirse a territorios españoles como “ocupados” durante un acto oficial presidido por Mohamed VI.
No son manifestaciones aisladas ni declaraciones irrelevantes. Proceden de ministros del Gobierno marroquí, se dirigen contra territorio español y forman parte de una reivindicación mantenida desde hace décadas sobre Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía del norte de África. Estas posiciones son incompatibles con una relación basada en la amistad, la buena vecindad y la asociación estratégica.
El Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación entre España y Marruecos, firmado en 1991 y vigente desde 1993, obliga a ambos Estados a respetar la igualdad soberana, la integridad territorial, la libertad y la independencia política de la otra parte. Asimismo, compromete a los dos países a no intervenir en sus asuntos internos ni ejercer coerción, amenazas o presiones contra sus derechos soberanos.
Por tanto, el respeto a la soberanía española no es una cuestión secundaria, sino el fundamento imprescindible de cualquier relación bilateral. España puede cooperar con Marruecos en aquellos asuntos derivados de la vecindad y de los intereses comunes, pero esa cooperación nunca puede situarse por encima de la defensa de la integridad territorial, la seguridad nacional y los derechos de los españoles.
La entrada masiva de más de 100.000 personas en Ceuta no puede ser presentada como una mera crisis migratoria, humanitaria o administrativa. Se trata de un ataque marroquí de guerra híbrida dirigido contra España, utilizando a miles de personas como instrumento de presión para desestabilizar la ciudad, quebrar la convivencia y debilitar la posición española sobre Ceuta y Melilla.
Las consecuencias las padecen directamente los ceutíes, alteración de la vida cotidiana, inseguridad, violencia, robos, saqueos, agresiones sexuales y ataques contra miembros de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Ninguna ciudad española puede ser abandonada al caos ni condenada a una situación permanente de excepcionalidad. Ceuta no puede convertirse en una nueva Lampedusa ni sus vecinos pueden vivir con miedo o sin poder desarrollar con normalidad su vida familiar, laboral y escolar.
Cuando Marruecos ataca a Ceuta, ataca a toda España. Cuando agrede a los ceutíes, agrede al conjunto de los españoles. Defender Ceuta significa defender la soberanía nacional, la integridad territorial y la seguridad de todos. La respuesta no puede limitarse a gestionar las llegadas o a distribuir por la península a quienes han entrado irregularmente. España debe recuperar el control efectivo de sus fronteras y proceder a la devolución inmediata a Marruecos de quienes hayan entrado de forma ilegal.
Resulta especialmente grave la actuación del Gobierno de Pedro Sánchez. Si conocía el riesgo de una entrada masiva y no adoptó las medidas necesarias para impedirla, debe asumir responsabilidades políticas y, en su caso, jurídicas. Su silencio ante las reivindicaciones marroquíes y su insistencia en mantener una alianza privilegiada con un régimen que cuestiona territorio español revelan una política de debilidad incompatible con la defensa de España.
No estamos ante un simple error de gestión. Estamos ante una situación que exige explicaciones, responsabilidades y una respuesta firme del Estado. Por ello, debe estudiarse la activación de todos los instrumentos parlamentarios y constitucionales disponibles, incluido el artículo 102 de la Constitución, si existieran indicios suficientes de responsabilidades exigibles al presidente del Gobierno.
También el Partido Popular debe definir su posición, o respalda una respuesta contundente en defensa de Ceuta y Melilla, rompe sus acuerdos con el PSOE y un partido islamista en Ceuta, así como sus pactos con el PSOE en Bruselas, o seguirá siendo cómplice de las políticas que han dejado desprotegidos a los ceutíes.
Las medidas necesarias son claras:
-Devolución inmediata a Marruecos de todas las personas que hayan entrado ilegalmente en Ceuta.
-Refuerzo integral de las fronteras, con infraestructuras eficaces, presencia militar y medios suficientes para policías, guardias civiles y Fuerzas Armadas.
-Defensa jurídica de militares, agentes y ciudadanos que hayan sido atacados.
-Investigación y acciones políticas o judiciales contra quienes hayan colaborado, facilitado o amparado la invasión.
-Suspensión del Tratado de Amistad con Marruecos y revisión del Acuerdo Preferencial entre la Unión Europea y Marruecos mientras persistan las agresiones y reclamaciones territoriales.
-Exigencia de responsabilidades al Gobierno y apoyo a las iniciativas parlamentarias necesarias para esclarecer lo ocurrido.
Ceuta no se vende. Ceuta se defiende. Los ceutíes no están solos. Cuentan con el respaldo de millones de españoles y con el compromiso de quienes no aceptan que se ceda un solo metro cuadrado de territorio nacional ni que España sea sometida a presiones, amenazas o ataques.
Por ello, se convoca a todos los sevillanos que deseen expresar su afecto, solidaridad y apoyo a los españoles de Ceuta a participar en la manifestación que partirá a las 19:30 horas de la Puerta de Jerez y concluirá a las 20:00 horas ante el Ayuntamiento de Sevilla, lugar donde la FAM ha convocado asimismo una concentración. Es el momento de mostrar que Ceuta es España y de exigir al Gobierno una respuesta firme para defender la soberanía nacional y recuperar la normalidad.