El caso de la manipuladora, Juana Rivas, sigue dando mucho de sí. Fue condenada a dos años y seis meses de cárcel por la sustracción de sus dos hijos menores en verano de 2017. Ahora Juana ha empezado supuestamente a cumplir la condena, aunque la han ingresado en un Centro de Inserción de Granada, supongo que a la espera de recibir el injusto indulto de un Gobierno infestado de feminismo radical.
El caso Juana Rivas es el típico ejemplo en el que era prácticamente imposible que fuese declarada inocente por un tribunal, la trayectoria de esta señora es impresionante, ya en el colegio sus compañeras le pusieron un mote ante su imprevisible comportamiento, un mote que prefiero no reproducir, ya de adulta, lo que sabemos, denuncias falsas contra su marido, todas archivadas por los correspondientes tribunales, y como culminación a su trayectoria delictiva, secuestro de sus hijos para impedir que pudiesen convivir con el padre de las criaturas, un ciudadano italiano intachable al que ningún tribunal ha podido encontrar nada.
Olvidándonos de lo ocurrido en Italia, en donde ella sale bastante mal parada, aquí en España siempre estuvo mal asesorada, y no termino de entender como todas esas feministas con sueldo público que la animaron a perpetrar lo que perpetró, no han terminado sentadas también en el banquillo.
La ignorante ministra de Igualdad, Irene Montero, lo dejó todo claro, ellos lo que quieren es una justicia feminista, traduciendo, perpetuar la injusticia, el hombre es siempre culpable aunque no existan pruebas contra él, y la palabra de la mujer debe ser considerada como prueba. La presunción de inocencia deja de existir. Aberrante.