Mientras el Gobierno se empeña en justificar los devastadores incendios escudándose en la llamada “emergencia climática”, el sector primario les deja en evidencia una y otra vez. Agricultores y ganaderos desmontan ese relato oficial y señalan con claridad lo que consideran la verdadera causa, no estamos ante fenómenos inevitables ni ante ningún supuesto “invento climático”, sino ante el resultado directo del abandono del medio rural y de una “renaturalización” mal planteada que los expulsa del territorio y lo deja sin gestión activa. Apuntan sin rodeos a las normas aprobadas tanto en el Congreso como en el Parlamento Europeo como responsables de esta situación. Como senderista que soy, corroboro lo que dicen al comprobarlo in situ casi todos los sábados del año.
Quienes llevan décadas cuidando y gestionando el campo denuncian que ahora se les impide hacerlo. Están hartos de advertir, sin ser escuchados, que el territorio se ha convertido en un auténtico polvorín. Insisten en algo que consideran de puro sentido común, los incendios no se apagan en verano, se previenen en invierno. Sin embargo, aseguran que las directivas europeas no solo ignoran esta realidad, sino que la empeoran, al prohibir prácticas básicas de mantenimiento y empujar al mundo rural hacia el abandono más absoluto. En muchos casos, ni siquiera se les permite realizar tareas tan elementales como desbrozar.
Los ganaderos, por su parte, recuerdan que se enfrentan a un entramado normativo que limita usos tradicionales, multiplica las trabas burocráticas y, en ocasiones, incluso les impide colaborar en labores de extinción. Denuncian una política que los aparta en lugar de integrarlos, y reclaman más inversión en prevención real, limpieza de montes, impulso al pastoreo extensivo y a la participación activa de agricultores y ganaderos en los planes contra incendios.
No es una opinión aislada. La Organización Interprofesional Agroalimentaria del Ovino y el Caprino (INTEROVIC) lleva tiempo señalando que el pastoreo extensivo y la trashumancia son herramientas eficaces, económicas y probadas para reducir el riesgo de grandes incendios. Es una lógica sencilla, donde hay ganado, la vegetación se controla y, con ella, disminuye la capacidad de propagación del fuego. Sin embargo, denuncian que tanto el Gobierno de Sánchez como las instituciones europeas, con figuras como Von der Leyen al frente, ignoran esta evidencia al priorizar una Agenda 2030 que choca frontalmente con los intereses del campo.
Para el sector, la situación roza el absurdo. Acusan tanto al Gobierno nacional como a la Unión Europea de intentar imponer un relato que no se sostiene, utilizando su capacidad mediática para justificar lo injustificable. Alertan de que, mientras se siga evitando afrontar las causas reales y se insista en explicaciones que consideran falsas, será imposible reducir estos desastres a corto y medio plazo. Y advierten que así los incendios no solo continuarán, sino que se repetirán con la misma o mayor intensidad.
Lo de Sánchez alcanza el esperpento dantesco