Cada vez son más las voces que señalan, en los medios y en sus artículos de opinión, que la invasión de Ceuta estaba pactada entre Sánchez y Marruecos. La reflexión que hacen de todo lo sucedido hasta ahora resulta muy plausible, pues parece que Sánchez está convencido de que si no impide la celebración de elecciones generales cuando corresponde, irá al paro político, al banquillo de los acusados y probablemente, a la cárcel.
Lo triste de todo esto es que, por salvar su cuello, Sánchez va a condenar a España a la permanente inestabilidad y a los españoles de Ceuta a sufrir un auténtico infierno, pues todas las decisiones que toma a diario el Gobierno en esa ciudad van encaminadas a cronificar el problema y no a solucionarlo, a convertir Ceuta en un macro campo de refugiados donde intentar vivir con cierta normalidad sea imposible. Si alguien no lo impide, pronto empezará la huida de familias ceutíes a la península para gozo de nuestro enemigo del sur.
A finales del próximo julio habrán pasado cuatro años desde las últimas elecciones generales y hasta entonces, probablemente, veamos como las amenazas y agresiones marroquíes van creciendo, no solo a Ceuta, posiblemente, también puedan intentar extender el problema a Melilla e incluso a las Islas Canarias. Esa es la manera de que cuando el psicópata considere oportuno pueda promulgar el Estado de alarma, sitio o excepción, para justificar no convocar elecciones en situación de excepcionalidad. No olvidemos nunca, que solo él puede convocarlas.
Aunque la mayoría de los españoles aún no hayan caído en ello, resulta que gracias a lo que ocurre en Ceuta los medios llevan mucho tiempo sin abrir portadas con los casos de corrupción de Sánchez y su familia, de su Gobierno y de su partido, el PSOE. Teniendo en cuenta del calvario judicial que ahora empieza para todos ellos, no es normal que Sánchez haya conseguido que ya no se hable de esos casos. Esa es una de las causas por las que Sánchez ha montado esta gran traición a España en connivencia con Mohamed VI.
Situados en este punto, sinceramente creo que, lo más razonable sería ir a por la cabeza de Sánchez por la vía del Art. 102 acusándolo de traición, medida que ha propuesto VOX pero que el PP no se atreve a apoyar.
El PP ha cimentado parte de su identidad electoral en presentarse como la alternativa al PSOE, una imagen que le ha permitido atraer muchos votos, pero que, según los hechos, resulta engañosa. En asuntos esenciales, el PP no siempre actúa como una oposición real, sino como relevo, corrector o cómplice silencioso del socialismo. Esa ambigüedad, lejos de fortalecer a España, contribuye a debilitarla.
La concesión de la Medalla de Ceuta al imán Adil Mohamed es ejemplo ello. El PSOE impulsó el reconocimiento y el PP propuso inicialmente premiar a una entidad de cuidados paliativos. Sin embargo, finalmente abandonó su propia iniciativa y apoyó la propuesta socialista, solo VOX votó en contra.
No se cuestiona la libertad religiosa ni la convivencia, sino la oportunidad política y el sentido institucional de una decisión adoptada en una ciudad sometida a una enorme presión fronteriza, migratoria y diplomática por parte de Marruecos. Otorgar la máxima distinción de Ceuta a una figura vinculada a una mezquita situada fuera de la ciudad fue una decisión imprudente, inoportuna y ofensiva para numerosos ceutíes.
Juan Jesús Vivas no rectificó ni pareció comprender la gravedad política del gesto. En vez de actuar con prudencia, firmeza y respeto institucional ante el malestar ciudadano, la inseguridad y el deterioro de los servicios, optó por la complacencia. La presencia de Alberto Núñez Feijóo reforzó esa imagen, un PP refugiado en consignas sobre convivencia, pero incapaz de afrontar el problema de fondo.
En las próximas elecciones, muchos volverán a creer que votar al PP basta para frenar al PSOE. Sin embargo, el PP demuestra con frecuencia que termina validando las políticas, los relatos y las concesiones que dice combatir. Por acción u omisión, se ha convertido demasiadas veces en la muleta del PSOE, y España acaba pagando el precio de esa falta de firmeza de los mansos populares.