Desde la Transición, el PSOE convirtió al Estado en una estructura de saqueo y expolio a las clases medias, con un sistema impositivo cuyo único objetivo es robar todo lo posible a la parte productiva de la sociedad.
Nuestro sistema impositivo explota, saquea y roba, con un impresionante despliegue técnico, humano y propagandístico. En Hacienda está todo lo mejor, el resto de la administración son servicios auxiliares de Hacienda.
El botín de lo recaudado va a dos grupos, a una clase dirigente y a una red clientelar de electores que le da soporte.
Las clases privilegiadas, partidos políticos, sindicatos, altos funcionarios y algunas grandes empresas, tienen por objeto maximizar el expolio mientras que se desprecia y se subestima el propio sistema productivo. Se desprecia al empresario de éxito, se entorpece la innovación y se impone un esquema de valores en el que el enriquecimiento honrado es moralmente criticable.
El desarrollo del régimen actual nace en los 80 con el PSOE. Sus primeras acciones se orientaron a invadir el sistema educativo, inflar la administración aprovechando el ruinoso sistema territorial que nos dimos, el autonómico, dar a los políticos el control de las cajas de ahorro, mientras desindustrializaba el país. Diseñando a la vez un sistema para que los políticos continúen cobrando de los consejos de administración de las grandes empresas que en muchos casos sirven de enlace con la clase política.
El Partido Popular, cuando llega al poder, no desmonta todo el aparato de saqueo que se encuentra, simplemente se aprovecha de él, simplemente toma el relevo.