Parece evidente que el adelanto de las elecciones generales para el próximo 29 de noviembre anunciado por Pedro Sánchez tras ser incapaz de sostener su mayoría parlamentaria, se está convirtiendo en una pesadilla para él, pues no ha generado el ansiado «efecto movilización» de la izquierda, muy al contrario, los primeros sondeos publicados tras la disolución de las Cortes auguran una debacle histórica de la extrema izquierda, PSOE y comunistas de distinto pelaje, y presagian una incontestable victoria del tándem PP-VOX.
Al psicópata no le funciona ya ni el frenesí del Consejo de Ministros, ni los decretos de vivienda vueltos a tramitar tras la humillación sufrida en el Congreso y que solo servirán para agravar el problema, ni el despliegue de propaganda desde La Moncloa, ni el zafarrancho de combate de los medios afines tras el denominado y fallido “efecto Maricarmen”.
Las encuestas publicadas coinciden en dibujar un panorama desolador para el actual Gobierno de coalición, pues la suma del bloque constitucional se sitúa entre los 193 y los 212 escaños, rebasando holgadamente la barrera de la mayoría absoluta (176). La denominada “derecha” podría llegar hasta al 55% de los apoyos. El PP se mantiene y VOX, incluso podría duplicar sus apoyos sobrepasando el 20%. Parece claro que se está produciendo un trasvase importantísimo de votos, del PSOE al PP y del PP a VOX.
Desde el centro izquierda hasta VOX, parece que todos los españoles quieren echar a Sánchez. Todos coinciden en que Sánchez está protagonizando un ataque sin precedentes a la legitimidad institucional, recurriendo a contraponer “la calle” frente a las instituciones, cuando el Congreso vota en contra de sus iniciativas, convencidos que esa dialéctica busca subvertir las reglas de juego democráticas y el orden constitucional.
Sánchez utiliza como armas, el dolor y la fractura social, mediante la demagogia y la agitación social para tapar el fracaso de sus políticas y el deterioro institucional. La verdadera calle rechaza la gestión del Gobierno y sus alianzas.
Es evidente que el Congreso de los Diputados representa a todos los españoles que votaron y que ningún presidente tiene potestad para declarar nula la representación parlamentaria de la oposición simplemente porque no apoye sus decretos o iniciativas. Contraponer la calle al Parlamento es un intento de Pedro Sánchez de esquivar el control democrático tras la pérdida de sus apoyos parlamentarios habituales. La deriva “chavista” de Sánchez es muy preocupante.
No hay mal que cien años dure ni un Pedro Sánchez que lo pueda aguantar