Con las declaraciones de Pablo Casado a la emisora golpista RAC1, no es que el líder popular corte con el viejo PP, como han dicho muchos medios, es que ha roto con ese electorado de derechas que hasta ahora componía ese suelo electoral del PP que siempre se había mantenido fiel y que le garantizaba el número suficiente de escaños, como mínimo, para ser el principal partido de la oposición.
Se le notó demasiado que pretendía empatizar con el golpista disfrazado de periodista que le entrevistaba, incluso llegó a decirle que las cargas policiales del 1-O se tenían que haber evitado. En ningún momento dijo, qué iba a defender su partido en Cataluña desde el lunes, eso sí, dijo gilipolleces como que, las empresas y las familias, que se fueron de Cataluña tenían que volver, sin referirse a que se fueron por la falta de libertad, situación que sigue igual o peor, y hasta que Barcelona tenía que ser el “Silicon Valley” español. Este señor es cada día más patético.
Otro “jeta”, es el vicepresidente andaluz, Juan Marín, quien muy campanudo él, habló con rotundidad sobre la corrupción socialista en la Junta de Andalucía, cuantificándola en 6.000 millones de euros, pidiendo el apoyo a la futura Ley Anticorrupción para “limpiar el nombre de Andalucía”. Marín, debe pensar que los andaluces son amnésicos y que ya han olvidado todos esos años que fue socio de la socialista Susana Díaz, mientras que se dedicaba a seguir “robando” y a destruir pruebas de lo perpetrado en el pasado reciente.
Y para finalizar sobre lo acontecido en un nuevo y penoso día, Podemos, pretende suprimir los delitos contra la Corona, contra la Iglesia, las ofensas o ultrajes a España y a sus símbolos, las injurias a los jueces y al Ejército, por enaltecimiento a ETA y la humillación a las víctimas. Evidentemente, lo que hay que hacer es ilegalizar a Podemos.