Creo que ya es hora de que reconozcamos, por muy políticamente incorrecto que sea, que la causa principal de todos los males que padecemos es sin duda, la organización territorial que nos dimos en la Transición. Personalmente, tengo la conciencia muy tranquila, pues por ese motivo, voté negativamente en el referéndum de entonces.
Para implantar el actual Estado de las Autonomías, se nos puso como excusa que acercaría la administración al administrado, aunque lo que realmente se hizo fue contentar a las regiones en las que ya estaba presente en parte de su clase política un perverso nacionalismo antiespañol.
Lo que nunca se nos dijo, es que las CCAA se convertirían en un pozo sin fondo que para su funcionamiento necesitarían recursos desproporcionados en detrimento de los servicios básicos que reciben los ciudadanos, en la estructura ideal para que la corrupción anidara y se extendiera, en administraciones donde el enchufismo como pago a los servicios prestados imperara, y funcionaran como pesebre mantenedor de voto cautivo.
El Estado autonómico se ha convertido en el ideal Estado del Bienestar para los partidos políticos, y en la auténtica ruina de la ciudadanía, se ha convertido en una estructura mastodóntica, parasitaria e inviable.
Las CCAA generan un estado de duplicidades que sobredimensionan el gasto público, que no mejoran, en absoluto, la vida a los ciudadanos, pero que sí que hace que tengamos impuestos muy altos.
Las grandes competencias, Educación, Sanidad y Justicia, nunca debieron ser transferidas, pues ello ha contribuido a que impere la desigualdad entre los españoles.
La pregunta que nos tenemos que hacer es porque si esto es un hecho, por qué ningún partido con representación parlamentaria, a excepción de UPyD en su día y Vox en la actualidad, ha planteado nunca la supresión de las CCAA. La respuesta es fácil, a los viejos partidos les ha ido muy bien con él, llevan parasitando casi cuatro décadas, y los nuevos, aspiran a hacerlo. Por mucho que se nos quieran vender lo contrario. Cuando irrumpieron en la política nacional, Ciudadanos y Podemos, dijeron que llegaban a cambiar “cosas” pero lo cierto es que en este asunto lo único que pretendían es poder participar de un banquete del que llevan disfrutando a nuestra costa, PP, PSOE e IU desde 1978.
Don Manuel Fraga era muy amigo de mi hermano Jesús y le dijo que la constitución era un desastre y acertó. Dos cosas que hizo olvidadas, como el menú turístico y la eliminación de la censura previa, un respiro para los periódicos como el correo de Andalucia, propiedad del arzobispado de Sevilla, del que se decía que era de «izquierda». Nada nuevo bajo el sol.