Si hasta ahora, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, había tenido que soportar que le recuerden continuamente su foto con el narco, Marcial Dorado, este pasado jueves ha protagonizado otra instantánea que de seguro le recordarán el resto de vida política que le quede, que a este paso va a ser bastante más corta de lo que él piensa.
Siempre dijo que desconocía que Marcial Dorado fuese un narco, aunque los lugareños afirmaron que eso era imposible, haciendo un esfuerzo buenista podemos hasta creérnoslo, pero la foto que protagonizó este pasado jueves en el Congreso de los Diputados es imperdonable e insultante.
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, saludó cariñosamente a la comunista Irene Montero, ministra de Igualdad en funciones, dándole la mano y acariciándole el hombro. Además, dio dos besos a Ione Belarra, ministra de Derechos Sociales en funciones y miembro de Podemos. Y lo hizo, rodeado de fotógrafos, como si buscara esa foto.
Esa foto se produjo, además, el mismo día en que el PP dejaba fuera a Vox de la Mesa del Congreso, en una maniobra insólita con la que el cuarto partido más votado, los comunistas de Sumar, tendrá dos representantes mientras Vox, con más votos y escaños, no tendrá ninguno. Y todo esto, además, mientras Feijóo necesita el apoyo de Vox para esa investidura que anhela.
Recordemos que Irene Montero fue la principal responsable de una ley que ha provocado más de 1.000 reducciones de penas a violadores y pederastas. Y también que, tanto Montero como Belarra justificaron las agresiones contra miembros de Vox hace dos años en Vallecas, Madrid, siendo la primera vez que miembros de un gobierno justificaban la violencia contra miembros de un partido de la oposición en España desde la Segunda República. Paradójicamente, Feijóo lleva meses evitando toda foto con Santiago Abascal y los demás dirigentes de Vox.
La caricia de Feijóo a Irene Montero, es todo un resumen de la incomprensible política del PP, despreciar a los aliados y mostrar aprecio por los enemigos. Gestos de cariño con los enemigos de la Libertad y desprecios al partido que más ha hecho por defender la España constitucional durante la pasada legislatura, consiguiendo, entre otras cosas, que el Tribunal Constitucional dictara sentencia contra el gobierno de Pedro Sánchez por violar derechos fundamentales.
No creo que muchos dirigentes, afiliados y votantes del PP comprendan gestos como el de ayer, por parte de un Feijóo que trata a sus socios de Vox como apestados. Una vez más, lo que parece es que Feijóo se deja dictar sus gestos desde el marco ideológico de la izquierda, un marco para el que una comunista que ha beneficiado a más de mil violadores es una persona adorable, mientras que un partido democrático y conservador es algo así como demoniaco. Feijóo está llevando a este PP a una deriva peligrosa, una deriva que hace que en absoluto representa a la derecha social y defienda lo que esta le demanda.
Pese a que pocos dudan ya de que Feijóo va a ser un nuevo líder fallido del PP, le prefiero a él de presidente que, a Sánchez, evidentemente, pero lo que no comprendo es que en todo el PP no encuentren a nadie mejor que a él para presidir el partido, alguien que dé la batalla ideológica a la izquierda y lo haga con valentía. Mi opinión desde fuera es que la propia Cayetana Álvarez de Toledo o hasta Ayuso, le dan mil vueltas, aunque lo mismo es que en el PP no quieren que una mujer les dirija, quien sabe.