A pocos españoles les extrañaría que Pedro Sánchez haya acordado ceder Ceuta y Melilla al Reino alauí. Si el Ejecutivo ya concedió medidas de gracia a los responsables de la intentona secesionista catalana de 2017 y ha favorecido excarcelaciones de sanguinarios terroristas de ETA, ninguna línea roja moral le impediría dar ese nuevo paso. No obstante, esta rendición sin luchar no adoptará los moldes de una invasión militar tradicional, Rabat no necesita desplegar sus tropas por la fuerza. Se trata, por el contrario, de una capitulación encubierta, perfectamente alineada con las tácticas de guerra híbrida que Marruecos ejerce contra el límite fronterizo español.
Para Sánchez, los ceutíes son simples daños colaterales a los que está sacrificando, el prosigue con su plan de hechos consumados que ya ha iniciado. Incremento demográfico de origen marroquí, deterioro progresivo de la convivencia civil, éxodo continuado de los residentes españoles y disolución efectiva de la autoridad estatal. Este miserable pretende dejar a Ceuta y Melilla desprovistas de soberanía efectiva. Y no nos equivoquemos, ni Europa movería un dedo, ni EEUU como gran aliado de Rabat tampoco y la izquierda “española” tragaría, pues nunca ha articulado su proyecto político en torno a la que debería ser su amada Nación.
Aunque Sánchez y la izquierda se olvidan de algo, que España constituye una entidad histórica asentada sobre un pueblo y una estructura estatal que trascienden cualquier coyuntura partidista. Desprenderse de Ceuta y Melilla al margen de la voluntad soberana de los españoles supondría una amputación irreparable. Una claudicación de tal calibre socavaría los cimientos mismos del régimen constitucional, la Corona, las Cortes Generales, el orden democrático y las FFAA quedarían desprovistos de autoridad moral y sentido institucional, dejando a la sociedad ante la deshonra de haber consentido una cesión territorial sin respuesta.
Por todo ello, no nos queda otra que aguantar hasta esas elecciones generales que Sánchez tratará de impedir que se lleven a cabo y para las que, en teoría, solo quedan nueve meses.
Si nuestro traidor presidente pisa el acelerador de este proceso y nos conduce a alta velocidad al abismo, la oposición, el pueblo español y el Rey junto a las FFAA y CFSE seremos los encargados de impedirlo, aunque en todo este proceso los ceutíes serán los grandes protagonistas y de su capacidad de lucha y aguante dependerán muchas cosas.
Esperemos que llegue el día en el que veamos a Sánchez fuera de La Moncloa, sentado en el banquillo y con posterioridad, condenado y entre rejas. Si eso ocurre, significará que PP y VOX gobernarán España, y espero, que de inmediato lo cambien absolutamente todo y blinden nuestra Nación de tal manera que, si llegara en el futuro otro “Sánchez”, le fuese imposible perpetrar lo que este ha llevado a cabo. Si el PP no se prestara a ello, sería imperdonable.