Francia lleva medio siglo construyendo su suicidio como nación, quien le iba a decir a los franceses que el Louvre iba a estar cerrado y que iba a tener 7.000 soldados patrullando las calles de París. Desgraciadamente, España sigue sus mismos pasos.
Cuando se expulsa la moral cristiana de las escuelas y se las entrega al relativismo, el final es predecible, el lugar que ocupaba tu moral es ocupado por la de los otros.
Cuando te llegan personas procedentes de culturas hostiles a los valores que representa la tuya, la única manera de integrarlos es disgregarlos y no los sistemas que se aplican concentrándolos, que han resultado ser un rotundo fracaso.
Los partidos políticos de izquierdas hace tiempo que encabezan políticas basadas en la mentira esa de que todas las culturas son iguales y lo hacen para debilitar todo lo posible a la cultura propia e ir implantando paulatinamente otras que han cosechado rotundos fracasos allá donde se implantaron. El caos social siempre beneficia a la izquierda.
Los inmigrantes nos llegan de países en los que su cultura y su religión les impiden prosperar, curiosamente, nos dicen que buscan una vida mejor, algo incongruente con pretender implantar aquí su cultura y su religión. Todo es una estrategia de invasión “pacífica” basada en una falsedad muy estudiada.
En Francia hace tiempo que esto es ya una realidad, ya hay barrios en los que occidente se ha rendido, pronto caerán ciudades enteras y la República estará herida de muerte sin solución posible. Aviso a navegantes, no es solo Francia, es Bélgica, es Suecia, será España si no lo remediamos antes.
Los europeos empezamos a sentir con claridad que el Estado es incapaz de protegernos, esto quiere decir que la autoridad empieza a ser gestionada por los delincuentes, esos que resuelven siempre los conflictos con violencia. En unos países europeos el proceso está más avanzado que en otros, pero el futuro de los europeos es el de vivir en sociedades de Estados fallidos, porque quien renuncia a su cultura, a sus principios y a sus valores, quien de entrada rinde su civilización, se garantiza la derrota.