Como español que soy y porque me siento orgulloso de serlo, tengo claro que la gran mayoría de mis compatriotas están en contra de la Amnistía y la Autodeterminación que está negociando Sánchez con todos los enemigos de España. Quiero expresar mi rechazo frontal a la política del Gobierno de España en esta delicada materia que tanto nos preocupa. Denuncio la gravísima situación por la que atraviesa España, en manos de un Gobierno que se apoya en los más declarados y abiertos enemigos de la continuidad de la nación española.
No podemos permanecer sentados en nuestras casas, limitándonos a votar en las elecciones, estamos obligados a defender a España con todos los medios y en todas las formas que nos permita la ley.
Nos ha tocado vivir un grave momento histórico que, no obstante, se pretende silenciar y minimizar, gracias a la colaboración de importantes medios de comunicación bien engrasados y convenientemente apesebrados, al servicio del Gobierno.
Y mientras tanto se va desplegando una silenciosa política de hechos consumados, donde todo se va acelerando hacia la balcanización de España y llevándonos, cual bueyes en yunta, hacia modelos económicos y sociales penosos, pretendiendo hacernos creer además, no ya que no suceda nada grave en España, sino que vivimos en el mejor de los mundos posibles, que somos la envidia de Europa y del resto del mundo, en una sistemática maniobra de ingeniería social de la cual los que nos gobiernan pretenden, como fin último, destruirla.
Todo forma parte de una gran farsa patrocinada por un Presidente del Gobierno y su banda de secuaces, todo un experto de la mentira y de la manipulación sistemática, que carece de lealtad, principios o valores morales y que, sin sonrojo ni vergüenza algunas, engaña a sus votantes con decisiones que nunca fueron en su programa electoral. Un individuo para el que la mentira al servicio, única y exclusivamente, de sus intereses personales, es sólo un «cambio de opinión».
Poco a poco, están inculcando en las mentes de una parte de esta sociedad anestesiada que, los indultos y la amnistía, son medidas que se corresponden con una necesaria “política de reencuentro”, que demostrarían nuestra “generosidad”. Una generosidad a la que estaríamos, según ellos, obligados para con quienes no han hecho otra cosa que querernos arrebatar una parte de nuestra patria, Cataluña, fracturando la Nación e incumpliendo las leyes y la Constitución que tanto dicen defender, rompiendo la convivencia. Nos quieren hacer creer, que les debemos todo eso a quienes todavía tienen la desfachatez de mantenerse en el desafío, prometiendo una y otra vez que, volverán a repetir su intento de secesión en cuanto tengan oportunidad. Y es que denominar “generosidad” a vender nuestra patria al precio que a Pedro Sánchez se le antoje pagar por mantenerse otros cuatro años en La Moncloa, es solo la penúltima muestra de su gigantesco cinismo.
Una supuesta generosidad que no hace más que disfrazar su ansia de poder y su extremo egocentrismo, al que le trae al pario que sus criminales maniobras para seguir okupando la Moncloa fomenten y alienten continuos enfrentamientos entre españoles, volviendo a abrir, de manera cada vez más difícil de cerrar, innecesarias heridas que hace muchos años que nuestros, padres y abuelos, declararon ya cerradas por el paso del tiempo y por el perdón mutuo.
En este entorno de declaraciones y actuaciones, se encienden las luces rojas, alertándonos del sumo peligro que supone esa política de ocupación paulatina de órganos e instituciones fundamentales del Estado que tienen como misión la decisiva defensa del ordenamiento jurídico, la soberanía nacional y la igualdad de los españoles ante la ley….. desde el Tribunal Constitucional al Tribunal de Cuentas, pasando por el CIS, la Agencia Tributaria, la Fiscalía, etcétera… donde hasta el Tribunal Supremo comenzaría a estar presionado y comprometido en su necesaria y fundamental independencia.
Órganos e instituciones vitales para preservar la igualdad entre todos los españoles están actualmente amaestradas y obedientes al mandato de un omnipotente Poder Ejecutivo, muy previsiblemente se irán plegando y previsiblemente, legitimando todo un abanico de medidas, que supondrán la rendición ante los chantajes separatistas de los que Sánchez precisa su apoyo para seguir presidiendo el Gobierno de España. Medidas que van desde la amnistía anticonstitucional hasta el reconocimiento de un posible referéndum más ilegal, si cabe, pero sobre el que sus “expertos juristas” buscarán la fórmula más idónea para introducirlo por la puerta falsa del fraude de ley camuflándolo de «legalidad constitucional»
Los mismos que llevan emponzoñando desde hace cuarenta años a generaciones de catalanes con sus mentiras, robos y manipulaciones, desde sus medios de comunicación hasta las aulas infantiles, mediante una machacona labor que pagamos todos los españoles, cuentan ahora con la complicidad del Gobierno de España para ir cumpliendo poco a poco sus objetivos.
Los mismos que difunden continuos mensajes de odio y ridiculización contra España, a base de eslóganes tan venenosos y falsos como el de “No somos españoles” y “España nos roba”, están dando pasos definitivos para robarnos esa querida parte de España que es Cataluña, y que a todos los españoles nos pertenece; como también a los catalanes les pertenece cualquier parte de España. No en otra cosa consiste la soberanía nacional que consagra el art. 1.2 de la Constitución Española.
De ahí la gravedad del salto cualitativo que supone el hecho de que ahora sea el propio Gobierno de España el que colabora directamente en la consecución del horizonte final al que aspiran los separatistas, ahora el Golpe de Estado se prepara desde La Moncloa.
También resulta extremadamente preocupante que, los mismos que persiguen el uso de la lengua española en rotulaciones de comercios, en el uso institucional y hasta en los patios de recreo escolar, estén consiguiendo, con la ayuda del Gobierno, convertir la sede de la soberanía popular en una Torre de Babel, intentando convertir la diversidad de nuestras lenguas en armas de enfrentamiento y división, y no en lo que deberían ser: instrumentos fundamentales para la comunicación humana. Con este tipo de medidas, están transformando lo que constituía una riqueza más de nuestras regiones, en un antipático elemento de división entre catalanes, vascos y gallegos con el resto de los españoles.
No podemos permitir que prevalezca la injusticia sobre la justicia, ni la desigualdad de unos españoles sobre otros vulnerando frontalmente todo nuestro ordenamiento constitucional. Y menos aún, cuando esa desigualdad supondría la superioridad de unos delincuentes que, con la aplicación de una amnistía, se verían confirmados en que actuaron legalmente, lo que constituiría una inmensa burla para la justicia, para los jueces y tribunales que los condenaron, así como también respecto al resto de españoles, que estamos obligados a soportar el peso de la ley, pero que carecemos de la posibilidad de esa infame maniobra que supone cambiar nuestra impunidad por un puñado de votos.
Nosotros defendemos la igualdad de todos los ciudadanos ante el imperio de una ley igual para todos, sin excepciones y menos aún para quienes han cometido delitos tan graves como es querer romper la unidad nacional.
Nuestra obligación es la de defender nuestra soberanía nacional, porque la nación española es patrimonio de todos los españoles, un patrimonio que tanto, tiempo, esfuerzo y luchas ha costado conseguir, frente a tantos enemigos interiores y exteriores… Porque ni siquiera somos los españoles actuales los propietarios absolutos de esa riqueza, sino poseedores obligados a mejorarla y transmitirla a nuestros hijos y descendientes. Por eso, no podemos rendirnos.