Son todos, partidos a los que nunca se les debió dejar ser legales, pues en cualquier parlamento nacional, sus miembros, representan la soberanía nacional, en este caso, son representantes de todos los españoles y desgraciadamente, los partidos separatistas, catalanes, vascos y gallegos, están trabajando en el Congreso de los Diputados para todo lo contrario, siempre en contra de los intereses de a quienes en teoría representan. Rosa Díez, hace años y ahora, Santiago Abascal, parece que han sido los únicos en tener claro que, a todos esos, los ahora socios del infame de Sánchez, habría que ilegalizarlos.
El caso de la trama rusa del fugado, Puigdemont, deja claro hasta que punto se le puede “ir la pinza” a un dirigente político. Pretender que, en el corazón de la OTAN, su mayor enemigo, Rusia, te ayude a crear un banco nacional, te envíe diez mil soldados para crear tu ejército y le permitas tener una base naval, es de locos, porque no hay que ser demasiado inteligente para saber que ni EEUU ni el resto de sus aliados iban a permitirlo.
Es indignante que de un personaje así dependa Sánchez para mantenerse en el poder, un peligro público que le chantajea a diario y que lo ha llevado al límite, sabedor que él no tiene nada que perder, pero que el canalla que habita en La Moncloa lo puede perder todo.
Lo de la aprobación de la Ley de Amnistía está más complicado que nunca, pues el Parlamento Europeo ha aprobado por 433 votos frente a 56, mayoría abrumadora, abrir una investigación a Puigdemont, actualmente eurodiputado por Junts, por sus conexiones con el Kremlin y deploran los ataques, consentidos por Sánchez, contra los jueces. Los eurodiputados han pedido también a la presidenta enviar al golpista catalán al Comité de Conducta ética.
La capacidad de aguante de Sánchez ha quedado demostrada viendo su trayectoria, pero lo de ahora, intentar mantenerse en la presidencia en las actuales circunstancias, aparte de que va a dejar a España hecha un solar en todos los aspectos, va a dejar al PSOE, posiblemente, en la peor situación que se recuerda, pues el todo vale con tal de mantenerse en el poder, demostrando que se carecen de líneas rojas, hasta para la mayoría de los socialistas es muy difícil de entender.