En Holanda, hace tiempo que
desembarcó la terrible cultura de la muerte, su sociedad ve como algo normal la
eutanasia y ni se sorprende por el dramático caso de Noa. Es cierto, que esta
joven ha sufrido en su vida acontecimientos traumáticos pero, no obstante, la
solución jamás puede ser la que ella ha tomado, pues la muerte nunca es la
solución.
Ella decidió dejar de
alimentarse, y hasta sus padres lo aceptaron, algo aberrante, ocurrió porque no
se puede abandonar a quien sufre, hay que cuidarlos y devolverles la esperanza.
Holanda es un país espiritualmente muerto, allí impera eso de que es mejor no
nacer y así evitas sufrir, y también, es mejor morir para no seguir sufriendo.
El aborto, el suicidio anunciado y la eutanasia, imperan en las sociedades
abonadas a la extinción.
Todos somos libres de cometer
el error de subirnos a un rascacielos y tirarnos al vacío, pero si avisamos de
que lo vamos a hacer, la sociedad debe impedirlo, y por supuesto nuestra
familia.
Esa cultura de la muerte que
reina en Holanda, es la que quiere traernos la izquierda, a España y al resto
de Europa. En nuestra sociedad hay muchos enfermos crónicos y una población,
envejecida y vulnerable. Los economicistas lo tendrían fácil con la eutanasia,
los Estados se ahorrarían mucho dinero, se abriría la veda al genocidio de los
más débiles.
La única solución humana para
el sufrimiento, físico y psíquico, es el amor, mucho amor, y cuidados paliativos
de calidad
Las autoridades públicas de
un país, deberían tener como primera obligación, jurídica y moral, proteger y
salvaguardar los derechos básicos de sus ciudadanos, y el principal de esos
derechos es la vida.
