Cuando se nombra a alguien
como Meritxell Batet, presidenta del Congreso de los Diputados, se corre el
riesgo de que la ciudadanía visualice, de inmediato y con gran claridad, su
sectarismo. Hasta la Fiscalía le ha recordado que las Cortes están obligadas a
suspender de forma inmediata a los presos electos. PP, Cs y VOX han pedido por
escrito que se les suspenda de inmediato.
En su intento de dilatar la
suspensión de los golpistas, Batet, le ha consultado al Tribunal Supremo y este
le ha respondido de inmediato dándole un auténtico rapapolvo por escrito. De
inmediato, y en un último intento, les ha pedido a los letrados de la Cámara
que se pronuncien al respecto, para así evitar que el desenlace no se produzca
antes de las elecciones del domingo. Batet ocupa un alto cargo del Estado y no
está al servicio de él, ese es el problema, solo sirve a su partido y a los
intereses de Pedro Sánchez.
Lo siento mucho, pero lo que
ahora hace Pedro Sánchez me recuerda mucho a lo que hacía Mariano Rajoy,
tratando siempre de que otros le ordenen ejecutar las decisiones difíciles.
Ahora es Sánchez el que pretende decirles a los separatistas catalanes, que no
tiene más remedio que hacerlo, no quiere cabrear a quienes de seguro necesitará
para mantenerse en el Gobierno.
Que se puede esperar de
Batet, una política que fue sancionada por su partido no hace mucho por apoyar
el ilegal referéndum independentista. De hecho, su partido, el PSC-PSOE, está
apoyando en la casi totalidad de los municipios catalanes el manifiesto pro
independencia. Sánchez ha puesto a su zorra a cuidar el gallinero de nuestra
soberanía nacional.

