¿Cómo se puede aceptar, que
quien quiere romper la unidad de España acate la Constitución de modo
encubierto y mentiroso como coartada para derogarla de modo unilateral, por la
vía de los hechos consumados y delinquiendo?
La presidenta del Congreso,
la socialista Meritxell Batet, permitió que los 22 diputados independentistas
acataran en falso la Constitución, apelando a la sentencia del TC que permitía
acatar por “imperativo legal”, algo que en ningún caso puede aplicarse a lo de
ayer, por lo que prevaricó claramente y se sitúa en el lugar del que nunca se
movió, en el golpismo. El Partido Popular, Ciudadanos y VOX, registraron
distintos escritos solicitando la suspensión de todos esos diputados.
Pedro Sánchez quedó retratado
cuando el golpista Oriol Junqueras le dijo “Tenemos que hablar” y él respondió
“No te preocupes”.
Los cuatro diputados presos
se saltaron la orden judicial del Tribunal Supremo teniendo libertad de
movimientos dentro del hemiciclo, fueron a desayunar a la cafetería, y se
hartaron de comunicarse por los móviles. Si el Gobierno de España, que
recordemos tiene la obligación de cumplir y hacer cumplir la ley, no lo hace,
¿Qué fuerza puede tener ahora el Supremo para castigar a los presos que han
desobedecido sus órdenes?
Tenemos una Constitución que
consagra nuestra Monarquía parlamentaria, acatar esa Constitución jurando por
la ilusoria República y hablando de supuestos “presos políticos” es un fraude,
por lo que esos 22 diputados no pueden ser considerados diputados de pleno
derecho, por muy amigos que los golpistas sean del presidente del Gobierno o de
los presidentes de ambas Cámaras. De entrada, hay que suspender a los diputados
presos, y claramente, no permitir a los otros 18 que ocupen su escaño. Malos
tiempos nos esperan.
