Pedro Sánchez ha propuesto a
Meritxell Batet para presidir el Congreso y a Manuel Cruz para presidir el
Senado, dos socialistas catalanes federalistas que se han pronunciado en numerosas
ocasiones contra lo que dicta nuestra Constitución.
Batet apoyó tres veces el
referéndum separatista; afirmó que la inmersión lingüística “es el mejor de los
modelos”, que la Constitución no se debe “imponer” y que “sería mejor que no
hubiera presos” refiriéndose a los líderes golpistas encarcelados y ahora
juzgados. Ahora Sánchez pretende darle el premio de ser Presidenta del
Congreso. Estamos ante todo un desafío al orden constitucional y, sobre todo, a
la inteligencia, pues pretender poner al frente del Senado y del Congreso a dos
partidarios de pactar con e indultar a los golpistas es, como mínimo, no tener
vergüenza. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que Batet y Cruz son
enemigos de nuestra soberanía nacional, lo más preciado que poseemos los
españoles.
En lo relativo a la Mesa del
Congreso, Sánchez ha repartido los puestos entre cuatro de los cinco partidos
nacionales, excluyendo a VOX, y como el que calla otorga, parece que populares
y naranjitos están encantados con la exclusión de los de Abascal, quien supongo
pensará “arrieritos somos y en el camino nos encontraremos”.
Tras el portazo del
parlamento de Cataluña a Miquel Iceta, negándose a hacerlo senador para que
pudiese presidir la Cámara Alta, se rumorea que Sánchez podría hacerle
ministro. Que la llamada por algunos “Gogó del Llobregat” forme parte del
Gobierno va a resultar, como mínimo, ofensivo y muy pintoresco.
Pedro Sánchez está colocando
a sus peones para en cuatro años demoler todo lo conseguido desde la
Transición. De lo que hagamos los españoles de bien, los tres partidos
constitucionalistas, y las FFAA con nuestro Rey al frente si fuese preciso,
dependerá nuestro futuro.
