Estamos en la antesala de
dos debates electorales televisivos con trampa, y digo con trampa, porque el
quinto partido en discordia, ese al que muchos ya vaticinan que quedará entre
los tres primeros, y me refiero a VOX, ha sido vetado por la Junta Electoral
Central, no solo en la TV pública, sino también en Atresmedia, un grupo
privado, cometiendo una flagrante intromisión, y un atentado inadmisible contra
la libertad de prensa y expresión.
Hace cuatro años, y en
semejantes circunstancias, la JEC si les permitió a Podemos y a Ciudadanos
participar en el debate, ahora entiendo el porqué, pues ambos, nada más entrar
en el Parlamento Nacional, se integraron rápidamente en el sistema corrupto
sentándose de inmediato en la mesa del banquete en la que se consumen grandes
cantidades de dinero público. No haciéndole ascos ni a un solo euro.
VOX por el contrario,
propone medidas de tanto calado, que disgusta de igual manera al
“establishment”, como a sus rivales, de hecho, ninguno ha mostrado un solo
gesto de contrariedad por la exclusión de los de Abascal.
Mucho me temo, que sin la
presencia del gran protagonista de la política española del último medio año,
los debates van a ser bastante previsibles. Un Sánchez, que de seguro insultará
a la inteligencia proponiendo lo mismo que llevó a cabo Zapatero en materia
económica y nos arruinó, dándoselas de moderado y renegando de sus peligrosos
socios, comunistas, separatistas y proetarras, esos mismos que ya han dicho que
prefieren que gane y que le ayudarán si los necesita para destruir nuestra Nación y nuestras libertades.
Por su parte, Casado y
Rivera, intentarán convencernos de que ellos son el voto útil frente a ese
Frente Popular que Sánchez pretende reeditar. Y un hundido Iglesias, que ya
solo aspira a ser el segundón de Pedro Sánchez, tratará de meter miedo al
personal con eso de que “viene la
derecha”.
