Con el ambiente político caldeado y la desconfianza instalada en la calle, donde muchos sospechan que Sánchez es capaz de cualquier maniobra ilegal para arañar votos e inclinar la balanza a su favor, salta la sorpresa y el Gobierno quiere que este 29-N la gente pueda identificarse en la mesa electoral usando una aplicación del móvil llamada MiDNI. Nadie está en contra de la tecnología, pero cuando la innovación la promueven delincuentes, es normal que la gente desconfíe.

El problema no es modernizarse, sino hacerlo con parches. Resulta que esta aplicación ni siquiera está validada en Bruselas con los controles de seguridad que exige la Unión Europea. El DNI de plástico de toda la vida, el que lleva chip, sí cuenta con todas las garantías del mundo, esta aplicación, en cambio, ni sirve para firmar ni ofrece ese nivel de seguridad. Por si fuera poco, el Gobierno ha andado mareando la perdiz sobre si bastaba con enseñar la pantallita del teléfono o si hacía falta escanear un código QR. Esas dudas, a tres semanas de unas elecciones, no generan más que sospechas.

Cualquiera con dos dedos de frente lo ve, colar una foto o una captura trucada en la pantalla de un móvil es un juego de niños si nadie comprueba los datos a fondo. Dicen que van a repartir decenas de miles de lectores QR para evitar fraudes, pero meter esa tecnología a toda prisa es una temeridad. Al final, el marrón se lo comen los vecinos que están en la mesa por sorteo, que no son informáticos ni policías para andar detectando pantallas falsas sobre la marcha.

Meter estos cambios a última hora y con prisas de fin de legislatura huele mal. Las elecciones no solo tienen que ser limpias, sino que además tienen que parecerlo sin que quede el menor resquicio para la sospecha. Y cuando las cosas se hacen corriendo y sin consenso, se le pone en bandeja la desconfianza a todo el mundo.

Quedan cuatro días para votar y todavía no está claro cómo van a actuar en cada colegio ni si el asunto acabará en los tribunales. Por mucho que quieran vender modernidad, el DNI de toda la vida y el pasaporte siguen siendo las únicas garantías serias frente a la urna. Dejémonos de experimentos raros con el móvil, porque con el voto de la gente no se juega.

Espero que los partidos de la oposición ya se estén moviendo para parar este nuevo intento de alterar el resultado electoral por parte del psicópata que reside en La Moncloa.

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