Me sorprende, que algunos se
escandalicen por lo ocurrido en las primarias de Castilla y León de Ciudadanos,
cuando desde que el partido de Rivera dio el salto a la política nacional, el
“pucherazo” siempre estuvo presente en esas primarias que trataron de imponer a
los demás y en las que ellos casi siempre hacían trampas.
Desde el momento en que el
aparato del partido se posiciona a favor de uno de los candidatos, y su líder
lo avala, se viola la igualdad de oportunidades de los candidatos, pero
desgraciadamente, en Ciudadanos siempre, primero se aconsejó al que se quería
presentar contra el candidato oficialista que desistiera, segundo se le decía
claramente que al ser el voto telemático “jamás” podría ganar, y tercero,
siempre que pudieron se inventaron algo para expulsar al candidato molesto.
Lo cierto es que en el caso
de Castilla y León, un despótico Rivera impuso el fichaje de la popular Silvia
Clemente, una política con la que ya no contaban en el Partido Popular y que
llegaba con una mochila llena de sospechas e irregularidades. Parece evidente,
que Clemente solo pretendía con su cambio de partido, seguir viviendo de la
política. Lo que pretendía Rivera es una incógnita.
Cuando Ciudadanos llegó a la
política nos dijo que llegaba para regenerarla, tras estos años podemos
afirmar, que ese partido es más de lo mismo, pues los suyos caen en los mismos
vicios que en los que siempre han caído los del PP o del PSOE. Los de Rivera ya
no engañan a casi nadie, y el 28-A se verá.
