El conflicto entre los
taxistas y los VTC dura ya demasiado tiempo, entre otras cosas, porque las
distintas administraciones se están quitando el muerto de encima. Al final, los
grandes perjudicados son los usuarios.
Es imposible afirmar, que uno
de los dos colectivos tiene la razón y el otro no, lo cierto es, que unos y
otros trabajadores luchan por mantener su nivel de ingresos y, por
consiguiente, el bienestar de sus familias, otra cosa, son las respectivas
patronales.
Desgraciadamente, la batalla
de la opinión pública, hace ya mucho tiempo que la perdieron los taxistas, pues
esas imágenes que vemos en los medios, día sí y otro también, desarrollando una
violencia extrema, atacando vehículos VTC, a sus conductores, y aterrorizando a
sus clientes, son inaceptables, y hace ya mucho tiempo que se deberían haber
practicado detenciones.
Nunca olvidaré las imágenes
de hace un par de días, un grupo de taxistas rodeando a un VTC dispuestos a
destrozarle el vehículo, el conductor acelera para escapar, y para impedirlo,
un taxista se lanza contra el capó para que se detenga. Resultado, taxista
herido grave. Para mí, clara defensa propia del conductor, y el taxista, cuando
salga del hospital, debería ser acusado, por provocar el accidente.
Por otra parte, un colectivo,
y me refiero al de los taxistas, no puede tener secuestrada a una ciudad,
formando barricadas e incendiando neumáticos, la pasividad de nuestros
políticos con la violencia desplegada por este colectivo resulta inaceptable.
Si la tendencia en los países
más desarrollados es que los VTC aumentan y los taxis disminuyen, quizás sea
porque los usuarios prefieren el servicio que reciben de los VTC. La sensación
que percibimos, es que los VTC son el futuro, y los taxis un pasado que se
resiste a desaparecer. La pregunta es, si es aconsejable practicar el
proteccionismo político de algo que inexorablemente morirá, y que parece, se
niega a reconvertirse para ser más atractivo a los usuarios. A la competencia
se la vence, no se la echa del mercado desde los despachos.
