Susana Díaz y Quim Torra,
pronunciaron ayer sus institucionales discursos de Fin de Año. Sólo escuchando
esas palabras, uno se da perfecta cuenta de las graves crisis en las que está
inmersa nuestra Nación.
Susana Díaz, en su
probablemente último discurso oficial institucional, no hizo ningún tipo de
autocrítica, parece que para ella, la derrota de la izquierda andaluza no se
debe ni a su pésima gestión ni a la corrupción de la administración que
preside, por el contrario, dedicó casi todo su discurso a demonizar a VOX sin
nombrarlo, calificándolo de “amenaza”, pues según ella “corren peligro los
derechos y las libertades”. Centró su discurso, en los asuntos de los que VOX
hace bandera y la izquierda les reprocha machaconamente con sus falsedades de
siempre, la inmigración, la defensa de las mujeres y la eliminación de las
CCAA. Susana Díaz dio la impresión de que sabe que el final de su carrera
política está muy cerca.
El nazi Quim Torra,
presidente del 47% de los catalanes, dio un discurso en el que insistió en sus
ensoñaciones de siempre, defendió posiciones políticas imposibles y
aspiraciones irrealizables. Torra insiste en el desafío separatista y sigue
instalado en el golpismo, eso sí, a sabiendas de que tiene cogido por los
cataplines al okupa de La Moncloa y que, diga lo que diga, es intocable.
En Cataluña hay un
desgobierno galopante, nadie se preocupa de los verdaderos problemas de los
catalanes, del día a día. Casi cuatro mil empresas han huido ya de Cataluña, ha
perdido el 28% de la inversión, y 23.000 millones en depósitos se fueron y
nunca volvieron. O el pueblo catalán echa al independentismo del poder, o van
directos a la ruina. Si Cataluña sigue funcionando, es por el dinero de los
impuestos del resto de españoles, su comunidad está quebrada.

Ellos se han fabricado el agujero negro y tenemos que ayudarles a que no salgan