Todos los estados del mundo,
disponen de una serie de armas legales para defenderse de quienes quieren
destruir sus respectivas naciones, y en eso, España, no iba a ser distinta.
Los problemas llegan, cuando
una persona sin escrúpulos accede a la presidencia del país, y ese es el caso
de Pedro Sánchez. Cuando la prioridad de un gobernante es mantenerse en el
poder el máximo de tiempo posible, se convierte en un peligro, y en nuestro
caso, si encima ha accedido al poder gracias al apoyo de quienes pretenden, y
no lo ocultan, acabar con la Nación, es mucho más peligroso.
Estos días se habla, de la
reunión que mantuvo Sánchez el día 20 en Barcelona con el presidente
separatista catalán, el nazi Quim Torra, y sobre las 21 peticiones que le
entregó por escrito, peticiones que Sánchez le ha ocultado a la ciudadanía
española.
Con solo decir, que una de
las reivindicaciones separatistas es la de aceptar mediación internacional para
resolver el “conflicto”, nos damos cuenta de la realidad paralela en la que
viven los golpistas, y ante su silencio, empezamos a darnos cuenta de que
nuestro presidente parece no tener claro si está con ellos o con nosotros, con
quienes pretenden romper la unidad nacional y cargarse el orden constitucional,
o con quienes defendemos la Nación y la Constitución.
Cada cesión, por muy pequeña
que sea, que le haga Sánchez a los separatistas, significa subir un nuevo
escalón de la escalera que conduce al desarme y rendición del Estado ante
quienes quieren destruirlo.
Espero, que lo ocurrido en
Andalucía se repita en mayo en toda España y, que se expulse de las
instituciones y del poder que ostentan, a todos los que quieren llevar a España
y a los españoles al matadero.
