Me he permitido reproducir a
continuación, de forma íntegra, el discurso de Navidad que pronunció Felipe VI
anoche. Todos los ciudadanos de esa “España decente”, que es mayoritaria, y que
no pudieron ver por televisión el discurso en directo por cualquier motivo,
tienen la oportunidad de poder leerlo íntegro en este post.

Nuestro Rey, dijo muchas
cosas interesantes, pero principalmente habló de “convivencia” y de respeto a las
normas que nos hemos dado. El Jefe del Estado, es consciente del fuerte
deterioro que sufre nuestra convivencia y de que el Estado de Derecho ya no
está en vigor en su integridad en cada vez más territorios.

Felipe VI dijo lo que tenía
que decir de acuerdo con el papel que le otorga la Constitución. Muchos,
hubiesen querido que diese un golpe en la mesa y acabara con lo que está
sucediendo, pero se debe entender, que su condición de comandante en jefe de
las FFAA solo le puede obligar a intervenir en una situación tan límite, que se
vea gravemente comprometida la continuidad de la Nación y el orden
constitucional, y de ese momento aún estamos lejos, y hasta me atrevo a decir,
según lo visto en las elecciones andaluzas, que esto aún puede tener solución
por los cauces democráticos normales.

Este fue el discurso que
pronunció el Rey anoche:

“Buenas
noches.

En
estos días tan especiales, en los que siempre nos deben unir los mejores
sentimientos, os deseo, junto a la Reina y nuestras hijas, la Princesa Leonor y
la Infanta Sofía, una Feliz Navidad y que en el año 2019 podáis ver cumplidos
vuestros anhelos y aspiraciones.

Hoy
no quiero dejar de recordar a quienes vivís una situación difícil por razones personales,
económicas o sociales; o estáis lejos de vuestro hogar y seres queridos. En
estas horas, que han de ser para la alegría y de celebración, nuestro corazón y
nuestro pensamiento están a vuestro lado; y nuestro mayor deseo es que todas
esas circunstancias queden pronto atrás.

A
lo largo de los últimos años os he venido transmitiendo en Nochebuena mis
inquietudes y reflexiones sobre nuestra democracia; sobre la cohesión social y
territorial, la economía y el paro o la educación; también sobre la corrupción,
el terrorismo o la violencia contra las mujeres; una violencia, de tan triste
actualidad y que merece siempre nuestra repulsa y condena más enérgica y el
empeño de toda la sociedad para erradicarla de nuestra vida.

Todas
estas cuestiones que acabo de mencionar nos siguen preocupando, por supuesto,
muy seriamente.

Permitidme
que esta noche os hable de algo que también me parece muy importante. Quiero
hablaros de nuestra convivencia, de los principios en los que se inspira,
pensando en el presente y también en el futuro, en nuestras generaciones más
jóvenes, a las que hoy me voy a dirigir especialmente.

El
pasado 6 de diciembre, con motivo del 40 aniversario de nuestra Constitución,
recordé nuevamente los ideales que animaron y unieron a los españoles durante
la transición política y que han sido el fundamento, la base de nuestra
libertad y de nuestro progreso de estos últimos 40 años: La reconciliación y la
concordia; el diálogo y el entendimiento; la integración y la solidaridad.

Quienes
vivieron aquellos años saben bien que si hay algo que los define fue el valor
de trabajar juntos y unidos pensando en nuestro país y en su futuro; fue la
voluntad de los españoles de entenderse y la de los líderes políticos,
económicos y sociales de llegar a acuerdos, a pesar de estar muy distanciados
por sus ideas y sentimientos.

A
todos les unía un objetivo muy claro: la democracia y la libertad en España;
definir unas reglas comunes que garantizaran nuestra convivencia. Y lo
lograron.

De
ese éxito nos hemos beneficiado las siguientes generaciones; y lo que debemos
hacer hoy es todo lo que esté en nuestras manos para que esos principios no se
pierdan ni se olviden, para que las reglas que son de todos sean respetadas por
todos.

Y
de esa manera asegurar a los jóvenes, con mayor garantía, nuevas décadas de
progreso y avance como las que nosotros afortunadamente hemos conocido.

Quienes
fuisteis protagonistas o testigos de la transición estoy seguro de que
entenderéis muy bien lo que acabo de decir.

A
los que no vivisteis aquel tiempo y especialmente a las generaciones más
jóvenes, tenemos el deber de haceros partícipes de ese período de nuestra
historia, de ese camino que permite entender por qué y cómo España ha
conseguido el cambio más radical de su historia; por qué y cómo ha avanzado y
prosperado tanto nuestra sociedad desde entonces.

Yo
creo que eso es necesario, sí; pero también creo que no es suficiente. Porque
como sociedad tenemos una deuda pendiente con nuestros jóvenes. Somos
responsables de su futuro y las circunstancias de hoy en día no son, ni mucho
menos, las más fáciles.

Los
jóvenes vivís inmersos en la realidad de una sociedad tecnológica -de cambios
continuos y acelerados- que plantea nuevos interrogantes, pero que a la vez
está llena de nuevas oportunidades.

Tenéis
talento, creéis en la paz, estáis abiertos al mundo porque sois y os sentís
europeos, sois solidarios, estáis comprometidos con las causas sociales, con la
lucha contra el cambio climático y la defensa del medio ambiente. Queréis vivir
y convivir, pero tenéis problemas serios.

Sabéis
que es muy difícil encontrar trabajo sin una adecuada formación. Muchos la
tenéis, pero a veces os veis obligados a ocupar un puesto de trabajo que no es
para el que os habéis preparado o que no responde a vuestras expectativas.

Y
os tenemos que ayudar: a que podáis construir un proyecto de vida personal y
profesional, con un trabajo y un salario dignos, a tener un lugar adecuado
donde vivir y, si así lo queréis, a formar una familia y poder conciliar con la
vida laboral.

Nuestra
responsabilidad, la de toda nuestra sociedad, es que vuestra capacidad, vuestra
motivación, vuestra ilusión y esfuerzo, venzan a las dificultades; porque
tenemos la obligación -contando con vosotros, con vuestra energía-, de seguir
construyendo día a día un país mejor, más creativo, más dinámico, y siempre en
vanguardia; una España más cohesionada socialmente y más comprometida con la
igualdad real entre hombres y mujeres.

Hoy,
que vivimos en una democracia asentada y que compartimos unos mismos principios
y valores con otras democracias de nuestro entorno, es imprescindible que
aseguremos en todo momento nuestra convivencia.

Una
convivencia que se basa en la consideración y en el respeto a las personas, a
las ideas y a los derechos de los demás; que requiere que cuidemos y reforcemos
los profundos vínculos que nos unen y que siempre nos deben unir a todos los
españoles; que es incompatible con el rencor y el resentimiento, porque estas
actitudes forman parte de nuestra peor historia y no debemos permitir que
renazcan; una convivencia en la que la superación de los grandes problemas y de
las injusticias nunca puede nacer de la división, ni mucho menos del
enfrentamiento, sino del acuerdo y de la unión ante los desafíos y las
dificultades.

Una
convivencia, en fin, que exige el respeto a nuestra Constitución; que no es una
realidad inerte, sino una realidad viva que ampara, protege y tutela nuestros
derechos y libertades.

Todos
los proyectos necesitan unos cimientos sólidos, y la España de hoy los tiene,
porque están hechos de una voluntad decidida de concordia, de paz y de
entendimiento.

Y
esta es la reflexión que quería haceros llegar esta noche: que la convivencia
-que siempre es frágil, no lo olvidemos- es el mayor patrimonio que tenemos los
españoles. La obra más valiosa de nuestra democracia y el mejor legado que
podemos confiar a las generaciones más jóvenes; y, por ello, debemos evitar que
se deteriore o se erosione; debemos defenderla, cuidarla, protegerla; y hacerlo
con responsabilidad y convicción.

Así
lo hemos demostrado durante estos últimos cuarenta años de libertad porque
hemos creído en nosotros mismos y en nuestras propias fuerzas.

Ahora
debemos valorar con orgullo lo que somos, lo que hemos hecho y confiar en lo
que podemos hacer entre todos, alejando el desencanto o el pesimismo.

Debemos
ser conscientes de la nueva realidad que nos impone el siglo XXI y ser capaces
de alcanzar consensos cívicos y sociales que aseguren el gran proyecto de
modernización de España.

Con
esa esperanza y confianza en el futuro, sigamos adelante. Con coraje y sin
descanso.

Porque
todos podemos hacer mucho por el bien común, y superarnos cada día; haciendo
cada uno lo que nos corresponde y apoyando a quien cumple con su obligación;
animando a quien lo precisa -sin que nadie quede atrás-, y sumando todas
nuestras fuerzas en el deseo de una España siempre mejor, porque los españoles
lo merecemos.

A
todo esto os animo. Gracias por escucharme y os deseo nuevamente a cada uno de
vosotros y a vuestras familias, una muy feliz Navidad.

Buenas
noches. Y feliz y próspero 2019”.

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