Cuando la noticia del día
debería ser, que una ministra embustera, a la que pocas horas antes había dado
todo su apoyo el okupa de La Moncloa, había dimitido, resulta que en este país
desquiciado ha habido otra noticia que la ha eclipsado. Un ministro del
Gobierno de España se ha cambiado de bando, ha desertado.
Precisamente ha tenido que
ser, Josep Borrell, ese que no hace mucho se ponía la máscara de patriota. Que
un ministro del gobierno de la Nación española se atreva a decir, “que los
políticos golpistas deberían estar en libertad hasta el juicio” y se atreva a
calificar a Cataluña como “Nación”, es decir, que haga suyas las tesis de los
separatistas golpistas, es gravísimo, y en un país normal, debería acarrearle
la destitución del cargo, y por supuesto, sentarse en el banquillo por la
traición cometida.
Parece que este Gobierno se
está volviendo loco, no existen ningún tipo de razones históricas que
justifiquen la pretensión de los separatistas catalanes de que Cataluña sea una
Nación. Mientras que en España han existido en el pasado numerosos reinos,
curiosamente, esas que ahora llaman nacionalidades históricas, nunca llegaron a
serlo, todo es una patraña, una invención de los nacionalistas catalanes,
vascos y gallegos, destinada a acabar con la milenaria Nación española.
Tenemos un gobierno de
descerebrados, presidido por alguien cegado por su ambición y que no tiene
ningún tipo de escrúpulos para mantenerse en el poder. En muy poco tiempo han
caído ya dos ministros, y son habituales en él, las continuas rectificaciones.
Se mantiene, gracias al apoyo de las fuerzas políticas que quieren acabar con
nuestra Nación, y gobierna abusando de la figura “excepcional” del Decreto Ley.
Los que nuestra Constitución designa como garantes últimos de nuestra
integridad territorial, deben estar preparados y atentos.
