José Luis Ábalos, secretario
de organización del PSOE, declaró ayer, que la elección de Pablo Casado como
nuevo presidente nacional del PP supone el regreso de los populares a
posiciones fundamentalistas. Y que el desenlace del congreso de los populares,
con la victoria de Pablo Casado sobre Soraya Sáenz de Santamaría, más que una
regeneración, parece una regresión.
No debemos sorprendernos al
oír las palabras de este dirigente socialista, hombre de confianza de Pedro
Sánchez, pues el PSOE lleva ya demasiado tiempo defendiendo posiciones que solo
llevan a la destrucción de nuestra sociedad.
Las ideas que ha expresado
Pablo Casado en el discurso pronunciado en el Congreso de su partido que se ha
celebrado este fin de semana, no solo son las que siempre defendió la derecha,
sino que son ideas con las que se identifica una parte importante de la
ciudadanía.
¿Apostar por la vida es ser
fundamentalista? ¿Defender a la familia como institución, es ser
fundamentalista? ¿Defender la unidad nacional, y por lo tanto, la legalidad
constitucional, es ser fundamentalista? ¿Defender la libertad de los padres a
elegir qué educación quieren para sus hijos, es ser fundamentalista?
Más bien creo yo, que el
problema lo tiene el PSOE, pues ellos entienden como progresismo, la
destrucción de la sociedad y de las libertades individuales. Para ellos, no
somos ciudadanos con derechos y libertades, somos miembros de colectivos
enfrentados en función de nuestro sexo, situación económica, de haber nacido en
una u otra comunidad, de nuestra orientación sexual. Los derechos los tienen
las personas a nivel individual y no dependiendo de su pertenencia a cualquiera
de esos colectivos, que previamente manipulan y enfrentan a su antojo. El PSOE
es absolutamente enemigo de la libertad individual del individuo.
