Ha fallecido, José María
Setién, quien fue obispo de San Sebastián durante los llamados “años de plomo”,
un individuo que no solo se caracterizó, como otros compañeros suyos, por su
ambigüedad en torno a la barbarie terrorista, sino que claramente se puso del
lado de los asesinos.
Hablamos de alguien que no
solo era considerado como una eminencia por el PNV, sino que también lo era
para los miembros de esa izquierda radical vasca a los que definía como “revolucionarios”.
Setién incluso tuvo la osadía de manifestarse junto a quienes pedían el derecho
a la autodeterminación del País Vasco.
José María Setién, usó su
posición de obispo de San Sebastián, para mediar en las negociaciones entre el
Gobierno y ETA desde su condición de furibundo nacionalista, contrario a las
víctimas y muy sensible con los verdugos. Posiblemente fue el primero en
utilizar la palabra “conflicto” en la sociedad vasca para definir lo que no era
otra cosa que, criminales especialistas del tiro en la nuca matando inocentes.
Fruto del odio que albergaba,
en 1984, impidió que se celebrara en la catedral el entierro del socialista
Enrique Casas, asesinado por los Comandos Autónomos Anticapitalistas.
Como español y como católico,
le deseo a este individuo, que arda eternamente en el infierno, y que jamás
descanse en paz, como castigo por la maldad exhibida durante toda su vida.
