Hace un tiempo, estuve de
puente en el sur de Portugal, y tuve la suerte de conocer a un viejo comunista
portugués con el que conecté humanamente de forma rápida, pues de inmediato me
transmitió que lo que él quería era transformar su sociedad para hacerla más
justa, y lo quería hacer, desde sus acertadas o equivocadas ideas. Me pareció
una persona honesta.
¿Y por qué digo esto? Pues
simplemente, para que entendamos, que lo que ocurre con la izquierda española,
no ocurre en ningún país de nuestro entorno. Esta semana, el senador Carles
Mulet (Compromís), partido de la izquierda catalanista y antivalenciana, afirmó
que Don Pelayo, primer rey asturiano, fue “franquista”, y lo dijo pese a que
falleció 1.115 años antes de que naciera Franco.
Creía hasta entonces, que el
records de las gilipolleces lo tenía Ada Colau cuando le quitó al Almirante
Cervera su calle en Barcelona, por facha y por franquista, pese a que este
héroe español en Cuba falleció cuando un joven Franco aún completaba sus
estudios en Toledo y los fascismos aún no habían ni aparecido. Parece que para
conseguir ser profesional de la política en estos partidos, la indigencia
intelectual es un plus que te garantiza el éxito.
Para la sectaria y dogmática
izquierda que sufrimos y padecemos en España, todo aquel o aquello que al
nombrarlo uno se asocie a la idea de España, es facha. Por suerte, ese talante
antiespañol de los partidos de izquierda, es cada vez percibido por más
españoles, incluso por muchos de aquellos cuyo único contacto con la política
es el de ir a votar cuando se les convoca.
Para socialistas y
comunistas, la bandera de España, la roja y gualda, es franquista, aunque fuera
elegida por Carlos III en 1785. La bandera nacional lleva 233 años siéndolo, incluso
en la I República siguió siéndolo. Solo dejó de serlo unos pocos años, durante
la nefasta II República.
El comunismo y el socialismo
de este país, son los más arcaicos de Europa. Siguen instalados en esa Europa
en la que el Muro de Berlin aún seguía en pie.
