Tenemos el “honor” de
compartir con Chipre el mayor incremento de la tasa de paro de la Unión Europea
durante marzo con respecto a febrero, un dato en la línea del resultado
trimestral de la Encuesta de Población Activa (EPA) que es desastroso, y eso
que aún no están contabilizados los millones de trabajadores afectados en estos
cuarenta días por los ERTEs.
Aún me acuerdo, cuando el
embustero que habita La Moncloa, nos dijo en su primera comparecencia, en su
primer “Aló Presidente”, que el Estado aportaría 200.000 millones de euros para
paliar los efectos económicos de la pandemia. Pues bien, ante el aluvión de
peticiones de ayuda por parte de autónomos y de afectados por los ERTEs, unos
siete millones en total, una auténtica masacre laboral, y el retraso en su
cobro, nos empezamos a preguntar cuanto había de verdad en esas palabras que
nos hablaba de esa supuesta millonada de la que podríamos disponer. Recuerdo
que nos dijeron que nadie se quedaría atrás, y por lo que vemos, casi todos se
quedarán. Sánchez es un embustero recalcitrante incapaz de hacer frente a esta
tempestad.
Nuestro Producto Interior
Bruto (PIB) ha protagonizado el mayor desplome de nuestra historia, y apunta
claramente a un colapso económico inimaginable hasta hace muy poco, y ante
ello, nuestro Gobierno parece incapaz de ofrecernos un plan creíble que evite
la gran ruina que parece avecinarse.
Socialistas y comunistas, han
diseñado un plan de desescalada por fases, que solo provoca incertidumbre, que
no ha sido consensuado con la oposición, ni con las CCAA, ni mucho menos con
los sectores afectados, principalmente turismo, hostelería y comercio.
España es un transatlántico
en el centro de una gran tempestad, y su capitán es un inepto incapaz de
sujetar el timón con firmeza. Que Dios nos coja confesados.
