Estos días están apareciendo sondeos de diferentes empresas demoscópicas y todos coinciden, excepto el ya habitual sondeo amañado del CIS, en que de celebrarse elecciones generales la victoria de la derecha sería aplastante, pues el PP va camino de los 150 diputados y VOX camino de los 70. Ya no sería un sueño que entre ambos obtuvieran los 3/5 de la Cámara y con ello, la posibilidad de llevar a cabo los inaplazables cambios constitucionales que entre otras cosas impidieran que el “fenómeno Sánchez” fuera imposible que se repitiera, incorporando a nuestra Carta Magna las herramientas necesarias para que ningún desalmado que accediera a la presidencia pudiese poner todo patas arriba y en peligro nuestro sistema democrático.
Pero es que, no es solo eso, pues con ese resultado ya no habría ninguna excusa para no cambiar todo lo que está mal. Se podría cambiar la Ley Electoral estableciendo que sin el 5% de voto a nivel nacional no se podría obtener representación, con este cambio, los partidos separatistas ya no podrían chantajear a ningún gobierno y no pasarían de su parlamento regional; se podría restablecer de una vez por todas la independencia de la Justicia haciendo que en la elección de todos los órganos judiciales no interviniesen los políticos y muchas cosas más.
Las próximas elecciones generales serán, sin lugar a dudas, las más importantes desde la Transición, pero hay que esperar a que el psicópata las convoque, no queda otra.
También quisiera referirme a los sondeos sobre las próximas elecciones catalanas, de los que se deduce un panorama absolutamente ingobernable. Ganaría el PSC, ERC y Junts bajarían e irrumpiría con gran fuerza Alianza Catalana, el partido de la alcaldesa de Ripoll, Silvia Orriols: por otra parte, VOX parece que seguiría creciendo y superaría con claridad al PP. Como la derechista e independentista AC no se podría entender ni con los partidos de la derecha española ni con los partidos independentistas de izquierdas, la gobernabilidad parece imposible y en todo caso dependería de un puñado de votos, de esos restos que dan o quitan un escaño.
En todo caso, lo que le ocurre a la política española es, desgraciadamente, lo que siempre ocurre y provoca que nos desviemos del camino de la prosperidad. Los políticos muy preocupados por el futuro de sus partidos y por las próximas elecciones mientras desatienden la tarea para la que fueron elegidos, para gobernar, para solucionar los problemas de los ciudadanos, intentar que vivan mejor y miren con esperanza hacia el futuro, cosa que ahora ocurre todo lo contrario.
Con buena voluntad todo se soluciona