Pedro Sánchez, vuelve a
cambiar de discurso por enésima vez respecto a Cataluña con la intención de
conseguir el apoyo de ERC. Lo que antes era una crisis de convivencia, ahora es
una crisis política, y si no es suficiente, dirá lo contrario con tal de
retener el poder.
La ministra de Educación,
Isabel Celaá, en un claro intento de contentar a los comunistas para que la
dejen seguir siendo ministra, ha soltado en el Congreso de Escuelas Católicas,
la barbaridad de que no aparece en nuestra Constitución el derecho de los
padres a escoger centro educativo o a elegir enseñanza religiosa. El gobierno
de Frente Popular, se cargará la educación concertada y obligará a que casi
todos lleven a sus hijos a la pública para así poder, adoctrinarlos e
intoxicarlos, para que de mayores sean votantes de izquierdas, solo los que se
lo puedan permitir, podrán llevar a sus hijos a la privada y a colegios
religiosos.
Resulta bochornoso que, ante
el error de Sánchez de formar un gobierno con los comunistas, muchos dirigentes
del PSOE, que en privado lo critican con dureza, callen por miedo a perder el
cargo y el sueldo. Solo Felipe González lo critica públicamente e Ibarra
romperá su carnet del PSOE si hay pacto con Podemos.
Frente a la que se avecina,
crecen un 49% las solicitudes para ser reservista del Ejército. Todo un
síntoma.
Mientras, Pablo Casado está
desaparecido desde el martes, y Núñez Feijoo en nombre del PP, insiste en la
alternativa de un gobierno constitucionalista excluyendo a su odiado Vox, claro
está. Que el barón popular más de izquierdas del partido, que practica el
galleguismo excluyente, ese que expulsa al español de las aulas y de todo lo
público, coja la batuta del PP, es muy peligroso.
