Es 28-F y Andalucía celebra su día, una jornada en la que todos los partidos políticos, excepto uno, intentan convencernos de las bondades de ese, fracasado y ruinoso Estado autonómico, que nos dimos en la Transición. Aún recuerdo cuando por entonces, la izquierda, con prisas se buscó una bandera y un líder de su supuesta “patria”, y sí, fue la izquierda, porque en aquellos tiempos los demás estaban un poco “acarajotados”, resultado, eligieron a un tal Blas Infante, personaje del estilo del zumbado Sabino Arana, y la derecha, como casi siempre, tragó.
Que no nos sigan contando historias, ser andaluz es simplemente, otra manera, otra forma de ser español, y por supuesto, Andalucía, como el resto de regiones españolas, tiene características y singularidades propias, que hacen a la postre, que España sea una gran Nación, de ricos y variados contrastes.
El Estado autonómico es una organización territorial corrupta que se ha convertido en el “Estado del Bienestar” de los partidos políticos, donde colocan a sus legiones de enchufados en toda esa multitud de estructuras administrativas improductivas, casi todas ellas completamente prescindibles, ¿para qué queremos 17 agencias meteorológicas?, mantener esas estructuras hace que, fondos que deberían ir a nuestros servicios públicos esenciales, como Sanidad o Educación, se pierdan. Mantener nuestro Estado del Bienestar es incompatible con el Estado autonómico. Así de sencillo.
Debemos ir en la dirección de volver a ser una Nación unitaria y fuerte, donde la descentralización administrativa gracias a la actual tecnología, le quite argumentos a aquellos que medio nos engañaron contándonos la milonga de acercar la administración al administrado, las autonomías ya no nos son útiles.