Miles de jóvenes separatistas
están convirtiendo Cataluña en un infierno. Son los hijos, son la consecuencia
de la inacción y de la cobardía de los distintos gobiernos del PSOE y del PP,
de Zapatero, de Rajoy y de Sánchez. Ellos han sido adoctrinados en sus escuelas
en el odio a España, y mientras tanto, la Alta Inspección del Ministerio de
Educación, controlada por populares y por socialistas, miraba hacia otro lado,
se negaba a actuar por intereses de partido.
Mientras que el gobierno
catalán, se identifica y apoya a los jóvenes violentos que practican el
terrorismo urbano, la vicepresidenta del Gobierno de España afirma sin
ruborizarse, que los catalanes pueden hacer vida normal. Es evidente, que la
parálisis de las instituciones del Estado es premeditada, que el Gobierno es
incapaz de restaurar el orden y la legalidad constitucional en Cataluña.
¿A qué esperan para suspender
sine die la autonomía catalana? ¿a qué esperan para detener a Torra y al resto
de su gobierno? ¿a qué esperan para disolver los Mossos? ¿a qué esperan para
demoler TV3 y resto de medios separatistas intoxicadores? ¿a qué esperan para
ilegalizar a los partidos golpistas? ¿a qué esperan para devolverles a los
catalanes no separatistas los derechos y libertades elementales que les ha
arrebatado el separatismo? ¿a qué esperan para que el Estado de Derecho vuelva
a estar en vigor en Cataluña?
Mucho me temo, que ninguno de
los dos partidos que nos han llevado a esta situación, PSOE y PP, se atreverán
a hacerlo, y cada vez más españoles lo saben. En la calle se palpa, que cada
vez más españoles piensan, que solo Vox sería capaz de revertir esta grave
deriva y tomar las duras medidas necesarias para garantizar la unidad nacional,
el orden en las calles y la vigencia del Estado de Derecho en todo el
territorio nacional. De entrada, va a pedir que se declare el Estado de
Excepción. Apoyando en masa a los de Abascal nos garantizaremos el fin de los
sobresaltos y de los dolores de estómago al ver a diario en las TVs a tanto
“hijo de puta” con poder político, ya sea autonómico o nacional.
