Lo protagonizado por Pedro Sánchez en la sesión del Congreso de ayer no tiene nombre. Cuando Abascal le enseñó uno de los ladrillos que les lanzaron en su acto de Vallecas, su respuesta le delató, para este canalla, y lo dijo muy claro, los culpables no fueron esa jauría de violentos odiadores que intentaron impedir que se celebrara el acto de Vox, los culpables fueron los de Vox que fueron a ese barrio a provocar. Utilizó el mismo razonamiento que siempre utilizaron los batasunos en el País Vasco para impedir que partidos legítimos ejercieran sus derechos en libertad. Se nota que Sánchez está rebrincado por lo que va a ocurrir el 4-M y la izquierda reacciona como siempre lo hizo, con crispación y disturbios.
Y no se quedó ahí, siendo el presidente del Gobierno de una Monarquía Parlamentaria, se atrevió a tener unas palabras de recuerdo para la criminal II República, debe ser el espejo en que se mira. Le preguntaría si pudiese, si sabe cuantos días pasaron desde la proclamación del 14 de abril de 1931 hasta que quemaron el primer convento.
Sánchez y sus socios parecen querer el conflicto civil. El Senado acaba de aprobar derogar del Código Penal el artículo que especificaba penas de cárcel para los miembros de piquetes violentos y anular las sentencias aplicadas según este precepto desde 2015.
Pedro Sánchez, este aprendiz de Largo Caballero, se ha convertido en un grave peligro para nuestra democracia, quien no lo vea está ciego.