El ministro de Seguridad Social, acaba de decir que los nacidos entre finales de los años cincuenta y mediados de los setenta, unos once millones de españoles, trabajarán más años o cobrarán menos en sus pensiones. No mentía y hay que agradecerle su sinceridad, esa sinceridad de un ministro mucho más técnico que político al que La Moncloa obligó a rectificar de inmediato.
España sufre una crisis demográfica endémica, casi no nacen niños, los que envejecemos no tenemos relevo, muy pocos jóvenes se incorporan al mercado laboral y lo hacen de una manera muy precaria. Lo que nos anunció el ministro, no es la solución, es un parche que se toma porque no se quiere afrontar el problema.
La gran culpa de que nos quieran rebajar las pensiones la tiene la organización territorial que nos dimos en la Transición, la España de las Autonomías es ruinosa y lo devora todo. Esos miles de estructuras administrativas improductivas que han creado las taifas autonómicas para colocar a sus legiones de enchufados, sobran, y encima son chiringuitos que están duplicados, triplicados o hasta cuadruplicados en los distintos niveles de la administración.
Tenemos que emprender una decidida política de ayuda a la natalidad suprimiendo toda ayuda a la inmigración, en pocos años se podría revertir la situación, pero los poderosos, los globalistas, no quieren eso, quieren destruir las sociedades occidentales mediante nuestra sustitución por personas portadoras de culturas incompatibles con la europea. Parece que la única oposición europea clara es la de los países del grupo de Visegrado, y me refiero a Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia, el resto de países parecen dispuestos a aceptar lo que les parece inevitable, el suicidio de su civilización.