El Partido Comunista de España (PCE) acaba de celebrar su fiesta del centenario, y lo ha hecho con algunos de sus miembros ocupando cargos importantes, como Yolanda Díaz, ministra de Trabajo.
Cuando lo normal hubiese sido que hubiesen aprovechado el centenario para pedir perdón a la humanidad por los genocidios y atrocidades cometidos por el comunismo a lo largo del poco más de un siglo de historia, Enrique Santiago, que además de secretario general del PCE es conocido por haber pertenecido a las FARC y haberlas representado en conversaciones de paz, esa narcoguerrilla comunista que entre otras cosas secuestró a miles de niñas para darles satisfacción sexual a sus combatientes, ha proclamado a su partido orgulloso hijo de «todas las revoluciones del siglo XX”. Es decir, orgulloso del exterminio de 130 millones de seres humanos, y por ende, orgulloso de su criminal actuación en la II República y en la retaguardia durante nuestra Guerra Civil.
Habló de Méjico, de Rusia, de China, de Chile, de Venezuela y de Bolivia, donde según él, el comunismo ha conseguido grandes logros, eso sí, no se atrevió a ensalzar a Pol Pot, el carnicero jefe de los jemeres rojos en Camboya, que exterminó a un cuarto de la población en apenas cuatro años.
Enrique Santiago proclamaba a los cuatro vientos que él y sus seguidores, eran herederos de algunos de los regímenes más salvajes que ha dado la humanidad. El comunismo que ha acabado con la vida de 130 millones de personas en todo el mundo y ha segado las libertades de todo aquel que ha vivido bajo su yugo.
Lo raro, no es que hayan comunistas en el Gobierno, lo raro, lo antinatural, es que el Partido Comunista sea un partido legal en España.