Tras lo ocurrido en el Congreso de los Diputados, en la votación de la Reforma Laboral del Gobierno, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que el Legislativo ha dejado de ser un poder independiente del Estado, que es simplemente una sucursal de La Moncloa, una sucursal del poder Ejecutivo.
Meritxell Batet, sigue escondida sin dar ni una sola explicación de porqué se comportó de esa manera, lo único claro, es que un diputado del PP se equivocó al votar telemáticamente, pero está demostrado que tras votar debió recibir una llamada de la Cámara comprobando el sentido del voto, y esta no se hizo. Aunque Batet se ha sacado de la manga, que esa norma está superada por otra de 2020, cosa que no es en absoluto cierta.
Lo cierto es que, cualquier diputado puede votar presencialmente, aunque antes lo haya hecho de manera telemática, siempre y cuando cumpla el trámite de solicitarlo a la Mesa del Congreso. Por eso quizás Batet cometió el error de afirmar que había consultado a la Mesa la posibilidad de que el diputado en cuestión modificase su inicial voto, mintiendo a toda la Cámara.
La separatista Meritxell Betet, pase a la historia probablemente, como la peor presidenta de la historia del Congreso, pues su mandato se ha basado en el oscurantismo y la falsedad.
A estas alturas, parece claro que la votación debió repetirse y que, si no se hizo, fue simplemente porque PSOE y Podemos pretendían sacarla adelante a toda costa, y viendo que por lo civil era imposible, lo hicieron “por lo criminal” aprovechando el error de un diputado popular poco espabilado, definiéndole de forma bastante generosa por mi parte.
La dilación del asunto por parte de Batet, demuestra que en el seno del Gobierno están estrujándose sus cerebros para intentar encontrar una salida a una situación que no la tiene, pero sabedores de que, aunque PP y Vox vayan al TC, este tribunal puede pronunciarse, como decía mi abuela “cuando las ranas críen pelo” y como siempre, los infractores salgan impunes por un pronunciamiento extemporáneo.