Este domingo se han publicado las últimas encuestas antes de las elecciones de Castilla y León que se celebrarán dentro de una semana, el 13 de febrero. Si algo demuestran estos últimos sondeos, es que la estrategia de la cúpula del PP de desinflar a Vox, ha fracasado. Nadie cree en la mayoría absoluta de los de Casado, e incluso, casi nadie cree a estas alturas que Mañueco saque más votos que toda la izquierda junta.
Por todo ello, al PP castellanoleonés se le plantean tres únicas opciones: Pacto con Vox, formando un gobierno de coalición; pacto con el PSOE que favorecería la investidura de Mañueco y que su gobierno en minoría dependiera de los apoyos puntuales de los socialistas; y la tercera opción, intentar pactar con varios pequeños partidos regionalistas y con Cs, si los números dan e instalarse en el chantaje constante.
Un pacto con el PSOE convertiría al PP en rehén de Sánchez, y demostraría que los de Casado no tienen voluntad alguna de realizar esos cambios de calado que tanto demandan sus votantes y la sociedad, además de significar el suicidio del partido de cara a las próximas elecciones generales.
El PP está en un callejón sin salida: haga lo que haga su estrategia nacional se resentirá, precisamente en un momento en el que Vox ya está en empate técnico con el PP a nivel nacional según empiezan ya a indicar varios sondeos.
Lo cierto es, que Casado y su partido, tendrán que responder muy pronto la “pregunta del millón” ¿En caso de verse en la necesidad de tener que elegir, prefiere pactar con Vox o con el PSOE?
Es pasmoso que Casado trate de forma tan ingrata, maleducada y prepotente a un partido que ha apoyado al PP en varias autonomías y ciudades, pero para ser justos, no es un problema exclusivo del actual presidente del PP. Es la misma actitud que viene mostrando el PP hacia sus votantes tradicionales: un trágala que viene a decir algo así como “voy a seguir haciendo políticas progres que lesionan tus derechos y traicionan tus principios, pero o me votas a mí o gobernará la izquierda, que es aún peor”. Al PP le funcionaba ese chantaje a sus votantes cuando no había más alternativas. Ahora la hay: Vox. Lamentablemente, la dirección del PP se cree que puede seguir actuando como si Vox no existiese o como si tuviese la obligación de someterse a los chantajes de Génova 13. Cuanto más insista el PP en esa actitud soberbia, más dolorosa será su caída.