Estoy sorprendido por la cantidad de mensajes carentes del más mínimo espíritu democrático que están saliendo de las bocas de dirigentes políticos, tanto socialistas y comunistas, como de los dirigentes del Partido Popular. Son tics auténticamente antidemocráticos proferidos por quienes se niegan a reconocer el resultado de las elecciones del pasado domingo.
Desde el PSOE y desde Unidas Podemos, le han echado una auténtica bronca a los castellanoleoneses por votar lo que han votado, pues según ellos, votar a Vox no debe ser una opción legítima pese a ser un partido legal, que al contrario que ellos, defiende la Nación y la Constitución.
Pero el que se ha llevado la palma ha sido, Teodoro García Egea, secretario general del PP y mano derecha de Pablo Casado, quien en declaraciones realizadas tras la pírica victoria de Mañueco, se niega a reconocer el mandato de los castellanoleoneses en las urnas en el que con claridad han manifestado querer ser gobernados por un gobierno PP-Vox, cuestionando así claramente la democracia parlamentaria, y se ratifica en que en torno a su partido deben de aglutinarse todos los votos del centro derecha, única solución según él, para vencer al sanchismo. Este señor debe vivir en una realidad paralela si a estas alturas desconoce que, a medio plazo, ni PP ni Vox, podrán conseguir una mayoría absoluta por separado y que la única manera de derrotar a la izquierda es mediante un gobierno de coalición independiente de cual de los dos consiga más votos.
Las dos personas más valiosas del PP, Ayuso y Cayetana, según mi modesta opinión, lo dejaron ayer muy claro. Ayuso ha dicho que «no nos importe lo que opine la izquierda sobre nuestros pactos», y Cayetana que “es evidente que así no llegamos a Moncloa”.