Pese a entender las reivindicaciones de los agricultores franceses, debemos condenar los ataques que están sufriendo nuestros transportistas en la frontera con nuestro país vecino. Es lamentable la falta de interés de nuestro Gobierno, pues desde el primer día tuvo que exigir al francés que protegiera a los nuestros.
Los agricultores franceses deben entender que sus enemigos no son los agricultores españoles, pues son víctimas de los mismos males, sino el gobierno de Macron y los burócratas de Bruselas que han abandonado a todo el campo europeo, han impuesto una burocracia ecológica inasumible y han permitido la entrada masiva de producto de terceros países en desigualdad de condiciones.
Resulta absolutamente intolerable que sean nuestros agricultores los que sean agredidos y sufran boicots cada vez que los burócratas de Bruselas o el gobierno francés de turno decide asfixiar un poco más a su sector primario por culpa de la maldita Agenda 2030, cuando se trata de un enfrentamiento provocado por las élites políticas francesas y europeas para desviar la atención de los verdaderos culpables que amenazan la supervivencia del sector primario europeo.
Debemos blindar la viabilidad y el futuro de nuestros agricultores y ganaderos. No podemos permitir que se les ataque por parte de las élites y los burócratas de Bruselas con todo tipo de normas y regulaciones abusivas derivadas de la aplicación de agendas globalistas y por el maldito fanatismo climático que inoculan a diario a la población, y que además vean como su sustento se pierde en la frontera francesa.
Los malnacidos que nos gobiernan, desde Madrid y desde Bruselas, pretenden terminar con nuestra soberanía alimentaria para importar productos procedentes de terceros países donde no se cumplen los durísimos requisitos que se exigen a nuestros productores, y donde además se produce con mano de obra esclava.
El sector primario europeo está sufriendo continuos ataques que ponen en riesgo la viabilidad de explotaciones enteras, muchas de ellas familiares que garantizan el empleo y la prosperidad de comarcas enteras. Según nuestro Ministerio de Agricultura, en Francia se suicida un agricultor cada día, lo que es indicativo de la situación crítica en la que se encuentra el sector primario en toda Europa.
Es un sector en el que debe primar la rentabilidad en las explotaciones y terminar con las regulaciones y prohibiciones que anteponen la ideología al sentido común y al buen hacer de nuestros ganaderos y agricultores.
Hay que terminar con la competencia desleal procedente de terceros países. Los productos procedentes de países como Marruecos inundan el mercado tirando los precios y ejerciendo una inaceptable competencia desleal.
La única solución es la de defender nuestra soberanía alimentaria, de la que tanto se habló durante la pandemia, cuando la realidad evidenció que no podemos dejar en manos burócratas y de terceros países el alimento y el sustento de nuestras naciones.