Santiago Abascal ha sido muy elegante al afirmar que “todo lo que sea malo para España, es malo para Vox” refiriéndose al trance por el que pasa el Partido Popular. Sin nombrar al PP, Abascal ha dejado claro que, con un Partido Popular débil, la alternativa al “sanchismo” sería imposible.
Lo cierto es que, la estabilidad en el PP parece estar muy lejos, y Pablo Casado parece querer aferrarse al sillón, y lo hace, mientras miles de votantes de su partido se manifiestan a las puertas de su sede nacional y la mayoría de sus barones ya evitan mostrarle ese apoyo incondicional que le manifestaban hace muy poco tiempo, la única excepción, el presidente murciano, López Miras, quien quizás por su relación personal con Teodoro García Egea, estaría dispuesto a unir su destino al incierto de Casado y su secretario general.
Nunca sabremos todo lo que le dijo Núñez Feijoo a Pablo Casado, pero públicamente ha manifestado que le habló muy claro y que le apremió a tomar decisiones de inmediato. La principal decisión sería la defenestración de García Egea, algo en lo que parecen estar de acuerdo casi todos los barones, para después, acelerar al máximo la convocatoria del Congreso que se iba a celebrar en verano.
Se habla de que el PP ha perdido, en pocos días, un tercio de su intención de voto, lo que nos alerta de lo que se nos viene encima a todos los españoles de bien. Abascal lo ha explicado muy bien, ya que sabe perfectamente que todo el que deja de votar al PP no vota a Vox, por lo que la “alternativa al sanchismo” se debilita más cada día que pase sin resolverse la crisis provocada por la cúpula del PP en su afán de destruir a Isabel Díaz Ayuso. Y mientras, Mañueco, en un callejón sin salida por su prohibición a pactar con Vox.