El que no tierne nada que perder, Puigdemont, acaba de humillar al que lo puede perder todo, Sánchez, sometiéndolo a una nueva humillación votando en contra de la proposición del PSOE de la ley de amnistía de los innumerables delitos cometidos por los separatistas con la clara finalidad de que, en la Comisión de Justicia, volver a apretarle las tuercas al que está dispuesto a todo con tal de no dejar de ser inquilino de La Moncloa.
Los secuaces del prófugo van a intentar introducir nuevas enmiendas e incluir los delitos de terrorismo y de alta traición, convirtiendo la famosa Ley de Amnistía en la más ignominiosa de nuestra Historia.
Ahora, por mucho que nos digan que “la Mesa del Senado no puede variar el curso de la tramitación que viene del Congreso so pena de incurrir en infracción” ante la petición de Vox al PP, deciros, que la Mesa del Senado decidirá sobre si admite o tramita dicha ley, por lo que puede rechazar su tramitación y devolver la proposición al Congreso a fin de que se tramite como una reforma constitucional, pues eso es lo que es.
Si el Senado, con mayoría del PP hiciera lo que debe, tendría un efecto internacional relevante, pues hacia fuera quedaría claro que las Cortes Generales no aprobaron un texto ignominioso; incorporándose al expediente parlamentario cuantos informes fuesen precisos para justificar tal decisión. De esa manera, no se dejaría en manos de un Tribunal Constitucional controlado por Sánchez una decisión propia de los representantes del pueblo soberano, como si se tratase de una ley normal y se lanzaría el mensaje a jueces y magistrados, de que representantes de la soberanía nacional se niegan a rubricar ni siquiera con un veto una ley que deroga la separación de poderes y pone bajo sospecha nuestro sistema legal, policial y judicial.