Parece que fue ayer, pero ha llovido mucho desde entonces, fue el viernes 16 de enero de 2014, cuando un nuevo partido político se presentaba en un acto celebrado en Madrid, ese partido era Vox.
Llegó a la escena política en el momento más necesario, pues una parte importante de la derecha se sentía huérfana, estaba harta de las traiciones del Partido Popular, ese partido que de defender el derecho a la vida había pasado a sumarse a la cultura de la muerte y les había fallado a sus votantes en más cosas, la libertad de enseñanza, la unidad de España y el apoyo a las víctimas del terrorismo, traicionadas por el PP como antes habían sido traicionadas por el PSOE.
Desde entonces, en Vox han cambiado muchas caras, pero sigue defendiendo los mismos ideales que defendía hace diez años, eso es lo verdaderamente importante.
Algunos de los que ocupamos cargos públicos y orgánicos en el PP y nos fuimos asqueados, incluso recalamos en UPyD al no existir otra alternativa posible por entonces. Recuerdo que en lo nacional teníamos bastantes coincidencias ideológicas, pero en lo demás bastantes menos, pero Rosa Díez y los suyos nos respetaron. Recuerdo cuando en 2016 me integré en DENAES pese a pertenecer al partido magenta. Pero el establishment consiguió acabar con UPyD y ya solo podíamos recalar en Vox, era curioso, durante muchos años defendimos unos ideales que no coincidían, en mayor o menor medida, con los de los partidos a los que pertenecimos y al final nos unimos a Vox y desarrollamos un enorme orgullo de pertenencia.
Desde su aparición, Vox empezó a abrir debates que la izquierda y el PP habían cerrado en falso y pese a la gran ola de violencia, odio y mentiras que sufre en su contra, sobre todo desde que está presente en las instituciones, los de Abascal siempre han demostrado tener unas convicciones muy firmes y tener la valentía necesaria para defenderlas.
Con todo lo que ha pasado en la política española estos últimos diez años, si Vox no hubiese llegado, esto estaría mucho peor, seguro.