Cualquier persona que no
conociese lo que sucedió hace un año, y que asistiese ayer a los actos
conmemorativos que se celebraron, en Barcelona y en Cambrils, dudo mucho que
hubiese salido de allí sabiendo lo que ocurrió, pues los organizadores se
preocuparon muy mucho de ocultarlo.
Hasta donde yo sé, los
atentados terroristas tuvieron una clara motivación religiosa, y eso ni se
mencionó, se preocuparon de que no se dijera que los terroristas profesaban un
determinado credo religioso.
Me sorprendió mucho, que todo
se limitara a hacer un canto a la paz, cuando el problema real fue, que una
sociedad democrática y en paz sufrió el ataque de unos terroristas que nos
quieren imponer, sus creencias y su forma de vida, por la fuerza.
La presencia de los Reyes de
España fue la única alegría para los familiares de las víctimas, pues ellos
fueron los únicos que las tenían a ellas como protagonistas, que les dieron su
solidaridad y afecto en representación del Estado, de todos los españoles, desde
su condición apolítica y apartidista.
Todo lo demás fue muy
patético, las autoridades catalanas y sus partidos separatistas intentando
convertir los homenajes en actos de propaganda golpista, y el Gobierno de España,
rehén de ellos, tuvo que mirar hacia otro lado.
Lo de ayer fue simplemente,
la constatación de la triste realidad que nos ha tocado vivir. Nuestra sociedad
es incapaz de defenderse, parece condenada a la derrota sin luchar, ni siquiera
se atreve a ponerle nombre a sus enemigos. Pasa en casi toda Europa.
