Pedro Sánchez, imitando a
Zapatero, se apunta a las propuestas irresponsables en materia energética,
aprovechando, que en nuestro interior, todos somos conscientes de que hay que
reducir al mínimo las emisiones nocivas.
Atreverse a aventurar en
2018, que en 2040 se podrá suspender la venta de vehículos de combustión, es
como mucho, una simple declaración de intenciones, y algo que causa una
enorme intranquilidad en fabricantes y
ciudadanos.
La apuesta de Zapatero por
las renovables, creó una burbuja que aún estamos pagando en la factura
eléctrica; lo que propone ahora Sánchez tan alegremente, puede ser letal, pues
entre fábricas y empresas vinculadas, hay en juego 300.000 empleos. El tejido
industrial de la automoción representa el 10% de nuestro PIB y casi el 10% de
nuestra población activa.
Hablamos de una propuesta
elaborada de forma unilateral sin consultar con el sector, que desconcierta a
los consumidores y trastoca el mercado y los programas de fabricación a largo
de plazo. Una propuesta, que en otros países ya ha hecho que se inviertan
grandes cantidades de fondos públicos en irse preparando, mientras que aquí, en
cinco años, ni 75 millones de euros, de hecho, en el último año ni un solo
euro. Nueva estafa socialista, van de verdes y todo es mentira.
Desconozco como estará la
tecnología en 2040, pero ahora mismo, los vehículos eléctricos son la anécdota,
no hay puntos de suministro, se tarda varias horas en cargar una batería, y la
autonomía apenas llega a los 150 kms. Con este panorama, Sánchez dirá “vamos a
contar mentiras, tralará” que de seguro nos da votos.
En los ayuntamientos
gobernados por la izquierda radical, socialistas y comunistas, las medidas
restrictivas que se están tomando en materia de automoción, con la excusa de la
contaminación, son de lo más clasistas que se han podido ver en décadas, pues
los ricos tienen dinero para aparcar en los parking y se pueden permitir tener
dos coches, un eléctrico para área metropolitana y otro grande para viajar, por
lo que ellos siempre acceden a los centros urbanos, en cambio, los curritos, la
gente normal, no se pueden permitir acceder a esos centros urbanos, todo muy
socialista y muy comunista, todo pensando en los más pobres.
