El germen de Cs fue el
manifiesto fundacional que firmaron en 2005 quince intelectuales, nació como
asociación, se constituyó en partido en 2006, y Rivera asumió el mando del
proyecto.
Este jueves, uno de los más importantes
padres de Cs, el constitucionalista Francesc de Carreras, ha publicado un
artículo muy crítico con Rivera. De Carreras, le pide ahora a Rivera que no se
comporte como un «adolescente caprichoso» y facilite la investidura
de Pedro Sánchez, algo que puede hacer con una simple abstención, para dar
«estabilidad» a España e impedir que el Gobierno esté en manos de los
grupos independentistas. Arcadi Espada también se ha lanzado a la yugular de
Rivera. Hasta el ex presidente de la CNMV, Manuel Conthe, quien apoyó en sus
inicios a Cs, no ha dudado en calificar de «payasos» a los actuales
dirigentes naranjas tras la ocurrencia de que el Ayuntamiento de Madrid sea
compartido durante los próximos cuatro años entre el popular Martínez Almeida y
Begoña Villacís. Hay algo muy claro, los fundadores de Cs no entienden a Rivera
y explotan contra él, lo mismo que piensan la mayoría de sus votantes.
Tras su enésimo fracaso en el
asalto al liderazgo del centro-derecha, Cs está utilizando a sus concejales en
Madrid para chantajear al PP, cuando los madrileños dejaron muy claro en las
urnas quien debe liderar el cambio. Cs debe entender que su misión es la de
formar una mayoría no de izquierdas que compense el radicalismo del previsible
gobierno Frankenstein que va a conformar Sánchez con todos aquellos que quieren
lo peor para España.
Ni Rivera ni su partido
pueden seguir comportándose como ese adolescente al que le faltan varios
hervores. Si por sus caprichos propician que Carmena siga de alcaldesa, estarán
cavando su tumba.
