Después de que la madre del
niño lo acusara falsamente de abusos sexuales continuados al menor en 2013, él
pasó tres años en prisión condenado por un tribunal que calificó el relato de
actos denunciados de “aberrantes”. En 2016 se celebró un segundo juicio, y la
Audiencia Provincial de Huelva lo absolvió, decisión ratificada por el Tribunal
Supremo, eso ocurrió en mayo porque el TS ordenó la repetición de la vista al
considerar que se había contaminado a los miembros del jurado.

Los equipos encargados de
realizar los informes y las valoraciones en el primer juicio, contratados por
los departamentos de las consejerías andaluzas de Igualdad y Justicia, formados
por auténticos “sicarios” feministas, hicieron su trabajo de forma tan parcial
para favorecer a la madre, que el Tribunal Supremo actuó.

Ahora, el padre ya tiene
presentada ante el Ministerio de Justicia una reclamación de indemnización por
dos millones de euros por prisión indebida, por los tres años y dos meses que
estuvo en prisión. Recordemos que en el primer juicio fue condenado a 14 años
de prisión por los delitos continuados de agresión sexual a su hijo menor de
edad y de exhibición de material pornográfico a menores.

Esa madre, ese auténtico
monstruo que presentó las denuncias falsas, consiguió que se rompieran las
relaciones y el vínculo del padre con su hijo, sigue en libertad cuando debería
pudrirse en la cárcel.

La Ley de Violencia de Género
se ha convertido en una de las principales causas de inestabilidad de nuestra
sociedad, las clamorosas injusticias que ampara, cada vez llena de mayor
indignación a más ciudadanos. Pero la izquierda continúa erre que erre, eso sí,
apoyada por la patética derecha de PP y Cs. Uno puede entender, que
desacreditado el cuento de la “lucha de clases”, la izquierda tuvo que levantar
otras banderas para dividirnos y enfrentarnos, entre sexos, entre orientaciones
sexuales, y otras muchas, pero lo de Casado y Rivera es vergonzoso.

Hablamos de una ley que no ha
conseguido impedir que 50 mujeres mueran al año a manos de hombres perturbados
que merecerían pudrirse en la cárcel, y que ha conseguido, que cuatro de cada
cinco personas que se suicidan al año sean hombres, la mayoría víctimas de las
injusticias que provoca la propia ley, una ley que ya ha arruinado la vida a
demasiados inocentes y perjudicado gravemente a demasiados hijos de estos.

Vivimos en una sociedad,
donde poner una denuncia falsa le sale gratis a la denunciante por mucho daño
que cause con ello. Esto tiene que acabar, se tiene que conseguir que se
sustituya esa perversa ley, por otra que trate a ambos sexos en condiciones de
igualdad absoluta y que proteja a los hijos.

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