Alfredo Pérez Rubalcaba ha
fallecido, un político fundamental en el pasado, presente y futuro de este
país. Alguien que nos deja, llevándose a la tumba la verdad del 11-M,
respetando así ese pacto de silencio de todos aquellos que participaron por
activa o por pasiva en ese auténtico Golpe de Estado que cambio para mal el
rumbo político de la Nación Española.
Personalmente, me causaron
estupor, los piropos que incluyeron en sus pésames los principales representantes
políticos de la “derecha ovejuna”, a los que se sumaron los medios de
comunicación que aún no han sucumbido a la izquierda. Hasta Mariano Rajoy ha
escrito un artículo ensalzando al responsable de la infame jornada de reflexión
tras el 11-M, al del caso Faisán o al del cordón anti PP con Zapatero. Que poca
dignidad ha tenido siempre este ex presidente.
Simplemente estoy dando mi
opinión, por ello, sería una temeridad por mi parte acusar a Rubalcaba de algo,
de lo que existen muchos indicios, pero careciendo de pruebas, pero lo cierto
es, que las cloacas del Estado que tras los mandatos de Aznar aún seguían
fieles al PSOE y a Rubalcaba, tuvieron que participar activamente en ese coctel
letal acompañando a los servicios secretos marroquíes y a miembros de ETA para
que los atentados se hicieran realidad. Lo de después ya lo sabemos, pruebas
que desaparecen, pruebas que se colocan y trenes que se destruyen. Y todo
preparado para hacer la farsa de un juicio para establecer una verdad oficial.
Rubalcaba no ha sido nunca un
estadista por mucho que ahora lo digan, simplemente ha sido, un político
inteligente pero muy dañino para su país, y repito, que muere ocultándole a los
españoles la verdad de lo que ocurrió el 11-M, unos acontecimientos que nos han
llevado hasta aquí, hasta la emergencia nacional que vivimos en la actualidad.
