El pasado mes de diciembre,
el nazi Quim Torra, le entregó a Sánchez un documento con sus exigencias, un
documento que filtró ayer el golpista para dejar en evidencia al Gobierno de
España.
Ante semejante afrenta
jurídica contra la sagrada unidad de España, por cierto, ocultada por Sánchez a
los españoles, ahora sabemos, que en vez de negarse a negociar una sola línea
del chantaje, nuestro presidente ha empezado a aceptarlo, de hecho, ayer anunció
el Gobierno que va a admitir la inclusión de la figura de un “mediador” en las
conversaciones que mantenga con el separatismo golpista catalán.
Sánchez está dispuesto a
todo, y lo está demostrando a diario con tal de garantizarse el apoyo de los
más furibundos enemigos de nuestra Nación a sus Presupuestos, mostrando su
humillante ejercicio de supervivencia y aferramiento al poder.
Sánchez hace todo lo
contrario de lo que debe, pues la mayoría de los españoles tiene muy claro cómo
se debe acaba con el separatismo catalán. Suspensión sine die de la autonomía
catalana, ilegalización de los partidos separatistas, disolución de los Mossos,
cierre de TV3 y resto de medios de comunicación separatistas, sustitución de
todos los profesores por docentes del resto de España, e imposición de la
legalidad para que el Estado de Derecho vuelva a regir en esa región.
Sánchez no convoca
elecciones, pese a que la gran mayoría de los españoles las desean, porque sabe
el batacazo que se va a dar su PSOE y resto de la izquierda cómplice. Visto lo
visto, ya es hora de que empecemos a pedir que le sienten en un banquillo por
traidor.
