La obsesión de Pedro Sánchez
y su Gobierno, por sacar a Franco de su tumba, ha convertido un lugar visitado
por apenas 30.000 personas al año, en uno de los monumentos más turísticos de
España, el Valle de los Caídos no deja de hacer caja.
La mayoría de los visitantes,
como españoles, simplemente quieren conocer su pasado, ese lugar donde
descansan 33.000 caídos de la Guerra Civil de ambos bandos. La insistente
amenaza de exhumación de los restos de Francisco Franco por parte del Gobierno
ha provocado una oleada de turistas y visitantes ansiosos por ver el cementerio
más famoso de nuestro país.
El Gobierno de Sánchez está haciendo
a la perfección las labores de agencia de publicidad del Monumento. Incluso se
está teniendo que contratar nuevo personal, sobre todo de seguridad. Aparcar
cerca de la Basílica resulta imposible e incluso a ciertas horas los atascos
para acceder son desesperantes. Todo esto ha provocado el odio y el revanchismo
de Pedro Sánchez y del PSOE.
Todos los días se pueden ver
flores frescas, rojas y amarillas, encima de la lápida de Franco y hasta de
José Antonio, síntoma inequívoco de cómo el sanchismo ha revivido su figura.
Muchos visitantes
extranjeros, muchos españoles, y sorprendentemente, muchos jóvenes, parecen
haber descubierto esa parte de nuestra historia. La tienda de souvenirs está
haciendo “su agosto”, a veces, hasta es imposible acceder, está a reventar.
No es difícil imaginar, lo
que ocurriría si el Gobierno consigue exhumar sus restos, y la familia los
depositan en la cripta familiar de la Almudena, en pleno centro de Madrid. A
Sánchez, el odio le ciega.
